Redacción de Valladolid

La conciencia de la patrona

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SI fuera el presidente del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Valladolid, José Antonio Martínez Bermejo, que se ha destapado como un gran aficionado al olvidado arte de escribir cartas, comenzaría por un ‘queridos políticos’ seguido de los consabidos dos puntos.

Para decirles, por ejemplo, que mientras ellos, los políticos, se enfangaban en algunas de las muchas disputas estériles que casi nunca llevan a nada, Castilla y León vio como se iba al garete una de sus empresas señeras. Everest, que en su día fue un referente en el mundo editorial, acaba de cerrar sus puertas y mandar a la calle a sus trabajadores sin que ninguno de ustedes, señores políticos, haya movido un solo dedo para al menos expresar su profundo pesar por esta pérdida. No han dicho ni esta boca es mía. Everest, como el señor Cayo de Delibes, solo contaba lo que contaba su voto. Después, si te he visto...

Para exigirles, después, que dejen de utilizar el carbón como arma arrojadiza, con la que lo único que están consiguiendo es llevar a las cuencas, a los mineros y a sus familias de camino a la misma estantería de la historia que los libros de Everest. Entre otras cosas, porque a los del PSOE en Madrid, que es donde mandan y se fijan las directrices de la política, les importa tan poco el futuro del carbón como a los del PP de Génova. Lo del ‘céntimo verde’, que hoy se votará en el Senado, no es más que el penúltimo capítulo en el que la minería es utilizada por el PP y el PSOE de Castilla y León para un ‘y tú más’ que lo único que demuestra es su propia inoperancia para ir de la mano y exigirles a los suyos en la capital de España, donde se toman las decisiones, que hagan del carbón una cuestión de Estado.

Lo que no haré es pedirles a los senadores del PP que voten a favor de ese ‘céntimo verde’ que fue la apuesta del Gobierno de Castilla y León, de su Gobierno, hasta que el señor que manda en La Moncloa ordenó al clon de Aznar que se inventara una excusa para rechazarlo. Ellos, los senadores, solo quieren seguir apoltronados en esa Cámara que no sirve más que para mantener las cuotas de los partidos con aquellos que ya no tienen ubicación.

Por eso no perderé el tiempo en apelar a su conciencia, ni a su integridad, ni a la defensa de su territorio. Y es que la única conciencia a la que atienden estos políticos de medio pelo que habitan en el Senado es a la de la poltrona que no quieren perder.