Diario de Valladolid

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¿ESTAMOS o no saliendo de la crisis, como tanto se nos dice últimamente? ¿Fuimos rescatados o no se nos rescató nunca? ¿Vamos perdiendo empleos o ganándolos? ¿Crecemos o más bien nos desparramamos e incluso diluimos? ¿Es ganar en certidumbre el encaminarse –según algunos dicen– hacia una creciente precariedad laboral? ¿Depende nuestra estabilidad económica del resultado de las próximas elecciones? ¿Es la corrupción un problema de este o aquel partido político o de toda nuestra sociedad?

Y más aún: ¿Se puede seguir ignorando el sistema de corruptelas de ciertas élites por más tiempo? ¿Cabe seguir gobernando o incluso votando de espaldas a ello? ¿Hasta donde ha de extenderse la desfachatez y la desmemoria en este país? ¿Vale la pena aguantar lo que sea para evitar la catástrofe? ¿Nos hemos librado por los pelos del desastre o hemos salido de Guatemala para meternos en Guatapeor? ¿Traen las mareas y plataformas ciudadanas la liberación o el caos, el rigor o el inmovilismo?

Lo que parece claro es que pocas veces las posiciones o actitudes en todos y cada uno de los ámbitos de la vida habían estado en España tan escoradas como ahora mismo. ¿Y había quien preconizó el fin de las ideologías? Recientemente se nos anunciaba por los portavoces de los grupos políticos emergentes que izquierda y derecha eran territorios del pasado, una dicotomía deseablemente superable. Pues no ha sido así. El capitalismo nos ha cogido y volteado entre sus cuernos.

Y, tras los comicios catalanes, dos certezas han surgido de todo el gran embrollo organizado en torno a las pretensiones independentistas: que los nacionalismos y sus banderas no sirven para anular las diferencias importantes, que son las de clase e ideología. Y que, sin embargo, y por muchas razones, la pugna de modelos de sociedad empezada en tales elecciones hay que tomarla en serio. En Cataluña y en Castilla y León. No se trata de que España se desintegre en trozos. Es que hay ya dos mitades bien delimitadas. Y esto era, sí, un aviso. El principio de lo que vendrá.

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