Diario de Valladolid

Redacción de Valladolid

El diálogo tenía un precio

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SORPRENDE a quienes hemos asistido desde abril de 1993 al progresivo crecimiento del Diálogo Social que la nueva Junta de Herrera y Valdeón provoque dudas sobre la financiación del nuevo Serla. Y sorprende porque el pacto para evitar miles de conflictos laborales en los tribunales coincide con la más intensa luna de miel que disfrutan los dirigentes de los sindicatos y la patronal en este siglo.

Esta indefinición de la nueva vicepresidenta y consejera de Empleo coincide también con su promesa de abrir un nuevo diálogo civil y con la necesidad del PP de contar con el cariño de Ciudadanos tras haber perdido la mayoría absoluta.

En los últimos años ha cobrado fuerza en el Partido Popular la idea de que Herrera ha cedido demasiado poder a CCOO y a UGT, si bien este creciente poder era compensado con una actitud sindical relajada a la hora de exigir el cumplimiento de los pactos.

La promesa de investidura de elaborar un proyecto de ley de Diálogo Civil para lograr «una sociedad más implicada» y la apelación de la vicepresidenta al Tercer Sector (cooperativos, ONGs, empresas de servicios sociales) y a otros colectivos suscitan celos sindicales y abre el temor de distribuir poder a grupos ideológicamente más afines por si los sindicatos elevan demasiado su tensión reivindicativa.

Sorprende la ausencia de la Consejería en la firma del III Acuerdo de Solución Extrajudicial de los Conflictos, máxime cuando por primera vez afecta a los más de 80.000 empleados públicos. De la misma manera que sorprende la frialdad con la que ha sido acogido este pacto, que contrasta con el apoyo activo que siempre tuvo del anterior equipo de Villanueva.

A nadie se le escapa que los dos sindicatos están ya en clave electoral interna y de manera más o menos soterrada ha empezado la batalla por la sucesión de Ángel Hernández y Agustín Prieto. De la misma forma que en la patronal comienzan los primeros escarceos para sumar méritos para el futuro relevo de Santiago Aparicio. En este contexto, la reforzada unidad de acción sindicatos-patronal actúa en favor de impedir que otros colectivos resten protagonismo al Diálogo Social y las futuras fotos de firma de pactos coticen al alza.

La primera prueba de fuego del nuevo equipo de Valdeón se llama Serla. Si la vicepresidenta no facilita e impulsa este audaz acuerdo, que desactiva conflictos laborales a cambio de aportar recursos, sumar estructuras y ceder poderes, su declarado impulso a la «búsqueda de consensos» habrá perdido credibilidad. El diálogo, casi siempre, tiene un precio.

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