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LO MÁS inquietante del concejal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Valladolid, Jesús Presencio, es que no haya sido capaz aún de explicar a los ciudadanos lo que pasó la medianoche del domingo cuando, según la Policía Municipal, conducía borracho con una tasa de alcoholemia en la sangre que triplicaba la máxima permitida por ley. Lo más inquietante, siempre según el atestado policial, es que puso en peligro la vida de ciudadanos con un vehículo que iba rozando los bordillos del Paseo de Zorrilla. Lo más inquietante, si nada debía temer, es que se resistiera a los controles e intentara recibir un trato de favor policial por ser autoridad municipal.

Pero si esos comportamientos del máximo representante del partido de Albert Rivera en la capital vallisoletana resultan inquietantes, lo es tanto o más que su partido no le haya forzado públicamente a dimitir y se conforme con un forzado abandono estético de la condición de portavoz en el Ayuntamiento y unas supuestas declaraciones de vergüenza ajena

Dicen los estatutos de Ciudadanos en su artículo 2.8 que «los cargos públicos y los cargos orgánicos están obligados a mantener una perfecta honradez y probidad en su conducta». Difícil conciliar honradez con el comportamiento demostrado hasta ahora por Presencio e imposible tildar de «probidad» (integridad, rectitud) a un concejal que ha sido incapaz todavía de pedir disculpas a los ciudadanos por amenazar la vida de los que esa noche circulaban cerca de su vehículo

La tibieza de Albert Rivera y el silencio cómplice de Luis Fuentes, delegado de C’s en Castilla y León, resta credibilidad a quienes se han desmarcado del PP con el discurso de la regeneración. La situación no es fácil cuando el comportamiento inmoral está en tu partido y no en el de enfrente. Le ocurrió al PSOE con el ex alcalde de Tudela de Duero en una situación similar y su complicidad de entonces le deslegitima ahora. Le ocurre al PP con ese timorato discurso que sitúa el caso en el ámbito personal y del partido para no molestar a los pillados con sangre azul

No me cabe duda de que el edil vallisoletano estará pasando uno de los peores momentos de su vida, o al menos de su vida política. Pero ese supuesto dolor sería menor si asume que su comportamiento ha sido indigno de un cargo público y se retira del Ayuntamiento. Si no lo hace así, la desconfianza hacia él y hacia Ciudadanos crecerán exponencialmente cada vez que hablen de moral y de regeneración