Diario de Valladolid

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Se despide julio entre charcutería púnica, bravatas montorinas y solidaridad minera. Lo que arrojan las escuchas de la Operación Púnica es aún más pestilente de lo que podíamos suponer, teniendo como tenemos una acreditada tradición en el ojeo de los corruptos y de sus trapacerías. Porque en esta maraña aparecen no sólo políticos guarros, también empresas y empresarios proactivos, que no se limitan a partir el bacalao, sino que alientan la corrupción y proponen mecanismos imaginativos para perpetrar los abusos y repartir la tajada de sus beneficios. Así que sin salir de lo malo, estamos probando ya lo malísimo.

Y en medio de estos ruidos, otra vez el requilorio montorino, que no conoce sosiego. En ese cónclave del Consejo de Política Fiscal y Financiera, que convoca el ministro para apretar las tuercas, nuestra embajadora Pilar del Olmo ha acreditado una trayectoria exigente y cumplidora, desmarcándose a menudo de las consignas populares, que imponían el respaldo unánime. Aunque luego mintieran, por imperativo electoral, desoyendo los compromisos adquiridos. Pasó en Valencia, con el ya extinto Fabra, y en La Mancha, con la también retraída Cospedal. En ningún caso, los incumplimientos nos han salpicado. Pero llegada la hora de los relevos, el protervo Montoro se empecina en afear nuestro desvío de una décima en el objetivo de déficit fijado para 2014, mientras se le rebelan los nuevos gobiernos socialistas, que le echan en cara el descontrol de sus afines.

Y apelan, como Castilla y León, a la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal. En nuestro caso, para que evalúe en esa balanza la deuda de 55 millones del gobierno con la minería, que a saber dónde habrán ido a parar. El resto va más allá, al reclamar que la distribución de los objetivos de deuda la fije la Autoridad Independiente, evitando de ese modo la arbitrariedad de una horquilla que se abre hasta el 2,2% para el gobierno, mientras las autonomías, con todo el gasto social, avanzan hacia la asfixia.

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