Huracán a la vista
Hoy se cumplen cien años del primer viaje ferroviario entre Medina de Rioseco y Palanquinos, cubierto por un tren enseguida bautizado como pollino. Había sido un proyecto del merinista Demetrio Alonso Castrillo, que adornó a Valderas con un abanico de comunicaciones sin igual: el tren y siete carreteras. Un cacique de los de antes. Conviene la efeméride en estos días de precampaña. Un tramo primaveral que vamos sorteando con más sofocos y tropiezos de los habituales. Y eso, sin olvidar los azotes que vienen de fuera, y a menudo de rebote, como el archivo de la causa contra las cúpulas de Caja España y Duero por las preferentes.
El juez Eloy Velasco, alto cargo popular en Valencia con Zaplana y Camps, sintonizó con la tesis de que las preferentes fueron un clamor de la clientela, que porfiaba por ellas, y no un truco para aparentar solvencia. Lo malo, en este caso, al margen del pase que les dé en Madrid el juez de la Púnica, es la elocuencia de los juzgados cercanos, que han ido reponiendo caso a caso los despojos, en proporciones que no permiten dudar sobre la naturaleza del invento. Tampoco ha debido de mirar las actas de los consejos, porque ya en noviembre de 2011, cuando todavía era factible reparar la avería, se plantea su canje inmediato por depósitos a plazo fijo.
¿Por qué no se llevó a cabo la permuta? Muy sencillo: urgencia en las necesidades de capital. En realidad, hay un motivo oscuro, que hizo inviable el arreglo. La entidad Caja España había comprado en bolsa títulos de FCC por importe de 140 millones de euros, en 2008, ya metidos de hoz y coz en la crisis. Y unos meses antes de aquel noviembre de 2011, los acababa de vender con un quebranto de 70 millones de euros. Sin responsables de las pérdidas, por supuesto, porque al parecer directivos y consejeros no estaban allí para eso. No quiero encenderme con estos trajines raposeros que humillaron a tanta gente de buena fe. El rumor de los enredos eólicos no ceja, sino que arrecia. Se anuncia un huracán inmediato.