AGRICULTURA

«Si empieza a fallar un tipo de herbicida, hay que cambiar radicalmente de estrategia»

El impacto de las malas hierbas genera inquietud en Castilla y León debido a su resistencia, cada vez mayor / Los expertos advierten que productos como el glifosato están «perdiendo eficacia»

Parcela de girasol, principal alternativa frente al cereal a la hora de rotar cultivos, en la localidad burgalesa de Villamartín de Sotoscueva.s.l.c

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Diego Santamaría

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A la chita callando, las malas hierbas ponen cada vez más en jaque a los agricultores. El problema, extensible a diferentes tipos de cultivos, afecta sobremanera al cereal. Y se debe, fundamentalmente, al aumento progresivo de las resistencias a lo largo de los últimos años. En Castilla y León, en el resto de España y por toda Europa en mayor o menor medida.

«Si empieza a fallar un tipo de herbicida, hay que cambiar radicalmente de estrategia», avisaba hace unos días en Burgos Irache García, técnica de experimentación del Instituto Navarro de Tecnologías e Infraestructuras Agroalimentarias (INTIA), durante el primer Foro del Cereal organizado por Bayer. La clave, según expuso, reside en «alternar» diferentes productos y no cometer el «error de abusar de lo que funciona bien».

Aunque la protección de los cultivos no sea el «principal factor de coste», el agricultor burgalés Nacho Tobalina quiso dejar claro que «el gran reto es acertar». Se busca optimizar recursos, siempre y cuando «ahorrar no vaya en contra de tu propia explotación». De ahí la necesidad, en consonancia con García, de trazar estrategias adecuadas y prevenir antes que curar. De lo contrario,«cuando quieres reaccionar, ya no tienes alternativa».

En clave regional, Tobalina advirtió que el vallico es el enemigo número uno si de malas hierbas se trata. El hecho de que reproduzca y disperse sus genes a través del polen ha propiciado que su presencia se extienda a lo largo y ancho de Castilla y León, por lo que «todo el mundo está expuesto a este riesgo».

En representación de la Asociación Vallisoletana de Agricultura de Conservación, Carlos Garrachón defendió los beneficios de la siembra directa de cara a reducir costes y garantizar la regeneración del suelo. Por otro lado, definió la rotación de cultivos como «norma imperativa» antes de concluir que «producir mucho conlleva sus riesgos». Partiendo de esta premisa, aseguró que «con un objetivo más modesto puedes ganar lo mismo».

Nacho Tobalina, Irache García y Carlos Garrachón, en Burgos.SANTI OTERO

LIMITACIONES REGULATORIAS

«La problemática de las malas hierbas siempre va asociada a la parcela», aclaró José María Montull, investigador de la Universidad de Lleida y coordinador de la Sociedad Española de Malherbología, poniendo de manifiesto que nada tiene que ver este fenómeno con lo que se cultiva. Dicho esto, informó de la existencia de «seis o siete especies» cuya resistencia es superior a la del resto. Hasta el punto de sobrevivir a productos químicos de contrastada eficacia y algunos pendientes de salir al mercado en los próximos años. De hecho, aseveró que el glifosato está «perdiendo eficacia poco a poco».

A nivel europeo, Montull confirmó una desigual prevalencia de las malas hierbas. El mayor número de resistencias se sitúa en Francia, con 37 casos, mientras que España se afianza en segundo lugar con 31. Por detrás, Italia con 29. Eso se debe, entre otras cosas, a la existencia de una mayor diversidad de cultivos en la zona mediterránea.

Las principales conclusiones del coordinador de la Sociedad Española de Malherbología recogidas en el Foro fueron las siguientes. En primer lugar, que «las limitaciones en ingredientes activos por temas legislativos y por desarrollo de resistencias limitan en gran medida las alternativas herbicidas a utilizar». Al hilo de esta cuestión, remarcó que la imposibilidad de rotar grupos químicos para algunas combinaciones de cultivo y mala hierba aumenta la «presión de selección». Por último, señaló que «no solo tenemos problemas de resistencia, sino de inversiones de flora por la falta de herramientas disponibles».

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CAMBIO CLIMÁTICO

Parece evidente que el manejo y control de las malas hierbas se ha convertido en el «reto más importante» que tiene el agricultor a día de hoy. En este sentido, el responsable de la zona noroeste de BayerCropScience, Anxo Valiño, apuntó que el cambio climático «no tiene nada que ver» con este problema.Lo que está claro, y así lo trasladó, es que la «pérdida de soluciones y de materias activas ha hecho que nos cueste controlar más determinadas malas hierbas campaña a campaña».