INVERSIONES
Castilla y León intensifica la lucha contra las plagas forestales
Una inversión de 278.000 euros busca frenar la decaida forestal y preservar el valor genético de los pinares en un contexto de expansión de plagas y estrés climático regional

La plaga conocida como ’pocesionaria del pino’ sobre uno troncos de un pino
Los pinares de pino silvestre de Castilla y León atraviesan un proceso de debilitamiento progresivo que, lejos de ser puntual, se ha ido consolidando en distintas áreas forestales de la comunidad durante los últimos años. La combinación de plagas, episodios climáticos extremos y pérdida de vigor del arbolado está generando un escenario de creciente vulnerabilidad en masas que tradicionalmente han sido uno de los grandes soportes ecológicos del territorio.
En este contexto, se ha aprobado una actuación urgente dotada con 278.000 euros para intervenir sobre rodales de pino silvestre en avanzado estado de decaimiento en Castilla y León. El objetivo de esta medida es preservar recursos genéticos forestales de especial valor, considerados fundamentales para garantizar la capacidad de regeneración y adaptación de los pinares en el medio y largo plazo.
Las actuaciones se centran en masas de Pinus sylvestris distribuidas en diferentes enclaves forestales de la comunidad, muchas de ellas incluidas en catálogos de material de base por su interés genético. Estos rodales no solo tienen un valor ecológico y paisajístico evidente, sino que constituyen una reserva estratégica para el futuro de los bosques de Castilla y León.
Uno de los principales factores implicados en este deterioro es la expansión de la plaga de Cydia conicolana, que afecta directamente a la producción de piña y piñón. Su acción compromete la formación de semilla y, por tanto, la regeneración natural del pinar, afectando de manera especialmente sensible a las masas de mayor valor reproductivo.
El impacto de esta plaga no se limita únicamente a la fase reproductiva del árbol. En muchos casos, los ejemplares afectados presentan una pérdida progresiva de vigor, menor densidad de copa y una mayor susceptibilidad a otros agentes patógenos, lo que acelera el proceso de decaimiento general del ecosistema forestal.
A este escenario se suma un contexto climático cada vez más adverso en Castilla y León, marcado por sequías prolongadas, episodios de altas temperaturas y una reducción de la disponibilidad hídrica en el suelo. Estas condiciones están debilitando la resistencia natural de los pinares y favoreciendo la proliferación de plagas oportunistas.
Los sistemas de seguimiento forestal reflejan actualmente un patrón de vigilancia reforzada en la comunidad, en el que se observa una clara heterogeneidad en el estado sanitario de los montes. Coexisten rodales relativamente estables con otros que presentan un deterioro avanzado, configurando un mosaico de afectación irregular que complica la gestión.
Entre los agentes presentes en este contexto también se encuentra la procesionaria del pino, cuya expansión en determinadas zonas de Castilla y León se ha visto favorecida por inviernos más suaves. Aunque su dinámica es distinta, contribuye al debilitamiento general del arbolado y a la pérdida de masa foliar en distintos puntos del territorio.
En este marco de intervención, los trabajos previstos comienzan con la delimitación precisa de las áreas afectadas mediante sistemas de geolocalización GPS. Esta fase permite identificar con exactitud los rodales más comprometidos dentro del territorio autonómico y ajustar la actuación a las condiciones reales de cada masa forestal.
La intervención contempla la aplicación de dos tratamientos fitosanitarios preventivos en primavera, separados aproximadamente por un mes y condicionados por la evolución meteorológica. Esta planificación temporal resulta clave para actuar en los momentos de mayor vulnerabilidad del ciclo biológico de las plagas.
Uno de los elementos más relevantes de la actuación es el uso de drones equipados con sistemas de pulverización de microgota, capaces de realizar aplicaciones precisas sobre franjas concretas del arbolado. Esta tecnología permite intervenir en zonas de difícil acceso y reduce el impacto sobre el entorno forestal, mejorando la eficiencia del tratamiento.
El empleo de este tipo de técnicas ya ha sido probado en campañas anteriores en Castilla y León con resultados considerados satisfactorios por los equipos técnicos implicados. Su consolidación responde a la necesidad de incorporar herramientas más precisas y menos invasivas en la gestión de la sanidad forestal.
Las masas afectadas forman parte de rodales seleccionados por su valor genético, lo que añade una dimensión estratégica a su conservación. Su pérdida no solo supondría un problema ecológico inmediato, sino también una reducción de la capacidad futura de regeneración de los pinares adaptados a las condiciones de la comunidad. El seguimiento técnico apunta a que el problema no responde a una única causa, sino a la interacción de factores climáticos, biológicos y estructurales del monte. Esta combinación está alterando el equilibrio natural de los ecosistemas forestales de coníferas en Castilla y León y aumentando su vulnerabilidad.
El conjunto de actuaciones refleja un cambio de enfoque en la gestión forestal de la comunidad, donde la conservación de los pinares depende cada vez menos de su evolución natural y más de intervenciones planificadas, tecnificadas y continuadas que permitan mantener su estabilidad ecológica.
El avance del decaimiento en los pinares de Castilla y León confirma así un escenario en el que la resiliencia de estos ecosistemas depende de la capacidad de respuesta frente a las plagas y del mantenimiento de su diversidad genética en un territorio amplio, diverso y especialmente expuesto a las condiciones climáticas extremas.
En este contexto, los expertos en gestión forestal insisten en que la evolución de los pinares en Castilla y León deberá seguir muy de cerca en los próximos años, ya que el aumento de episodios climáticos extremos y la persistencia de plagas como Cydia conicolana podrían consolidar un escenario de mayor fragilidad estructural en los montes de la comunidad.