Diario de Valladolid

MUNDO AGRARIO

«Mi huerto es de temporada, sostenible y de kilómetro cero»

Elena cultiva más de 40 productos en Villanueva Matamala (Burgos)

Elena Rodríguez Pérez lleva con la huerta 10 años. -ECB

Elena Rodríguez Pérez lleva con la huerta 10 años. -ECB

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Loreto Velázquez | Burgos
Valladolid

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Elena Rodríguez Pérez es una experta en suelos y cultivos. Estudió la carrera de Ingeniería Técnica Agrícola y desde hace diez años vive de la huerta que tiene en Villanueva Matamala, una pedanía de Arcos de la Llana (Burgos). 2.000 metros cuadrados que mima con cuidado para extraer un sinfín de productos, todos de temporada. Ella lo tiene claro: «desde el primer día la filosofía ha sido la misma: economía circular, kilómetro cero y ser lo más autosuficiente posible». «El patrimonio del huerto son mis semillas, que cojo cada año para poner al año siguiente».

Según explica, desde el principio apostó por una producción artesanal y aunque no está certificada en ecológico, no trabaja con productos químicos, «solo orgánicos»

A la hora de proteger sus cultivos, en su huerto ‘Los tulipanes’ tira de técnica y de la experiencia propia del campo. «Yo uso abono de estiércol de cabra que me facilita un vecino que tengo al lado y luego como fertilizante uso los residuos de mi huerto. Tengo lombrices que digieren estos residuos y de sus excrementos obtengo el humus»

En rentabilidad, sin embargo, la climatología juega en su contra. «Aquí hace mucho frío y el invierno se hace largo», advierte decidida a completar su economía con una plataforma online, en la que ofrecerá cursos formativos sobre horticultura. «Ya estoy preparando los temarios. La idea es hacer una plataforma online en la que dar cursos los primeros meses del año y cuando empiece la temporada hacer talleres a pie de huerto», señala convencida de que será una «forma de diversificar ingresos».

Por el momento y aunque con el frío no hay apenas cultivos para vender , trabaja la tierra «abonándola» y prepara los semilleros para la temporada. «El suelo es un pelín arcilloso pero me va bien porque hace una ‘costrita’ que mantiene la humedad en el suelo».

No vende a restaurantes ni tampoco tiene web. «Vendo todo a particulares. Para los pedidos uso WhatsApp y la red social Instagram (@huertolostulipanes) y como creo en el kilómetro cero solo vendo a Burgos capital». El funcionamiento es simple. «Yo publico lo que tengo disponible y luego cada cliente hace el pedido como quiera porque no hay una cesta cerrada».

El abanico de productos es amplio: calabacines, judías verdes, habas, guisantes de la variedad ‘lágrima’, brócolis, pimientos, lechugas, escarolas, puerros, cardo, acelgas, piparras, coliflor, alcachofas…

Las estrellas de la carta son los tomates , que cultiva tanto en invernadero como al exterior, y las berenjenas blancas, una variedad atípica que estaba en peligro de extinción pero que es un manjar. «Quien la prueba ya no quiere las moradas», asegura. 

Para conseguirla hizo un trabajo de investigación que la llevó hasta Cataluña. «Es una variedad bastante resistente al frío y aquí se da muy bien», subraya.

En los primeros años hizo pruebas para ver qué cultivos se adaptaban mejor a la zona, al terreno y al clima de la zona. «Las patatas por ejemplo aquí no funcionan mucho porque cuando hay escarabajos y nematodos, si no tiras de químicos no hay nada que hacer».

Desde hace tres años prueba también con espárragos. «En este caso este será el primer año que recoja porque desde que los plantas hay que esperar tres temporadas», señala sin olvidar su otra gran novedad: las sandías y melones. «No tenía claro que fuesen a funcionar pero han salido con un tamaño bastante decente».

Plantas compañeras

A la hora de plantar Elena rota la mayoría de cultivos, menos los espárragos «que pueden estar en el mismo sitio 10 años». «En el resto miro muy bien qué pongo y dónde lo pongo. Donde ha habido brócoli, que extrae mucho nitrógeno, suelo poner después leguminosas, porque mejoran el terreno y fijan nitrógeno. También sumo siempre plantas compañeras que ayudan. En las tomateras pongo albahaca porque las protege de la mosca blanca, mientas que junto a las judías verdes planto habas porque las defienden de un posible ataque de pulgón y a ellas no les afecta», detalla.

Mientras el invernadero lo reserva a los tomates Rosa y de Miranda, «para que dure más la temporada», a los pimientos de asar y a las berenjenas blancas «porque necesitan más calor», fuera siempre hay fijos como los tomates de pera, las judías verdes, las habas, los guisantes, las piparras, los brócolis, las lechugas y también las fresas. «Los guisantes que tienen una temporada muy cortita los tengo siempre casi vendidos porque tienen su club de fans ya».

Sabe que el riego no es una opción, pero está por goteo y lo optimiza «al máximo» . «Para mí una premisa principal es la sostenibilidad ambiental y el uso racional del agua es básico», explica a sabiendas de que los productos que más demandan agua son los tomates y las lechugas «que en verano necesitan estar fresquitas». 

En su opinión, lo peor de tener un huerto no son las plagas «que hasta ahora no he tenido», es el clima. «Está en un cambio constante y es muy peligroso porque hace calor cuando no toca y luego llegan los 7 grados bajo cero de abril del año pasado y te estropean todo lo que tienes fuera», subraya sin olvidar el granizo.

A la burocracia no la teme pero la evita. «No pido ayudas porque el papeleo que tienes que hacer no compensa la cantidad que luego recibes», concluye.

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