HORTICULTURA
El cardo rojo de Ágreda se empeña en la transformación para crecer
Campaña óptima. Los productores quieren recuperar un proyecto piloto, ahora de la mano de la Dirección General de Desarrollo Rural, que se inició hace casi quince años y que quedó paralizado por la crisis

Entre Ágreda y Dévanos hay una veintena de productores de cardo rojo-HDS
El día de Reyes marca el fin de la temporada del cardo rojo de Ágreda, que este año ha visto ligeramente incrementada su producción, con más de 22.000 unidades vendidas. Y es que el cardo rojo tiene demanda; el problema es su transformación, que sigue pendiente de desarrollar. El alcalde de la localidad, Jesús Manuel Alonso, uno de los principales impulsores de su promoción, quiere ahora recuperar aquel proyecto piloto para potenciar su difusión y comercialización que en su día abanderó el Ayuntamiento de Ágreda, pero que quedó relegado por la crisis económica. Confía en que el nuevo Gobierno central a través de su Dirección General de Desarrollo Rural retome iniciativas como ésta para que se pueda concluir el proceso que inició el Consistorio hace ya casi quince años.
Porque «el gran reto es la transformación». Reconoce Alonso que se han realizado varios intentos, con empresas de La Rioja, Navarra e incluso se han hecho pruebas en Añavieja, pero todos han fracasado porque el cardo rojo se oxida muy fácil. De momento sólo se puede vender en fresco, directamente de la mata.
Así lo hace Juan Pablo Omeñaca, uno de los pocos más de veinte productores que quedan entre Ágreda y Dévanos. «Un buen año y con más demanda», a la que ha podido responder. Porque esta campaña había aumentado el número de cardos «aproximadamente un 20%», ya que el año pasado se había quedado corto para atender a sus clientes en la frutería que regenta. Y asegura que lo ha vendido «todo». Unas 1.500 unidades, y todas en fresco y en la tienda.
Además, los precios han acompañado, con una media de unos 10 euros la pieza. Cantidad y calidad. Porque este año el producto no ha sufrido de pedrisco como el año anterior. Y como necesita riego, no depende de las precipitaciones. De hecho, Juan Pablo constata que en la zona se dice que «el agua del cielo no quita el riego» cuando hablan de cultivos como el cardo rojo. Y aunque le ha ido muy bien esta campaña, todavía no se plantea qué hará la próxima temporada.
Y es que, aunque el cardo rojo es cada vez más conocido y demandado, apenas se cultivan 10 hectáreas. Ya no es sólo por el trabajo que conlleva su producción porque se ha ahorrado mucho tiempo y energía desde que algunas labores se realizan con maquinaria, sino porque en cuanto el cliente busca el cardo rojo y ve que lo tiene que limpiar y cocinar se echa para atrás. «Los consumidores demandan en el lineal productos de cuarta o quinta gama, es decir, ya elaborados y mientras no lo consigamos no podremos dar el salto en la producción para poder ofrecer el cardo en conserva o ultracongelado porque el propio mercado es el que te excluye», explica Jesús Manuel Alonso.
Porque para que se experimente un crecimiento espectacular «es necesaria la adaptación del cardo rojo a las demandas de los consumidores», insiste el alcalde agredeño. Y aquí entra ese proyecto piloto que se puso en marcha hace casi quince años y quedó bloqueado por la crisis económica de 2008.
El edil agredeño ha mantenido reuniones tanto con la Administración regional como central para conseguir líneas de subvención que contribuyan a darle al cultivo el impulso que le hace falta. «He hablado con el subdelegado del Gobierno, Miguel Latorre, para ver si somos capaces de enfocar alguna línea de transformación que podría realizarse en el Centro para la Calidad de los Alimentos, aprovechando su sede en Soria». Y mientras, el alcalde de Ágreda espera que la Ley de Desarrollo Rural incluya dotaciones económicas para proyectos piloto en los que tendría cabida el del cardo rojo, y con el que también se buscaba conseguir la Indicación Geográfica Protegida (IGP) para este producto exclusivo de esta zona moncaína.
«Tenemos realizadas dos terceras partes; nos queda sólo un año, pero necesitamos ayudas públicas para concluirlo», considera Jesús Manuel Alonso, quien cuantifica las tareas pendientes en unos 10.000 euros. «La propia potencialidad del producto hace que tenga identidad propio, y la IGP sería un complemento trascendental».