Diario de Valladolid

Las ventas de fungicidas se disparan un 45,2% en cinco años

Desde el 2000 Castilla y León consume una media de 6.338 toneladas anuales mientras España lidera el ranking europeo / El rechazo de administraciones públicas al glifosato reabre el debate sobre su prórroga

Un agricultor rocía uno de sus campos con glifosato para evitar la proliferación de malas hierbas.-eCB

Un agricultor rocía uno de sus campos con glifosato para evitar la proliferación de malas hierbas.-eCB

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Diego Santamaría

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Aunque el ‘sí’ de la Unión Europea al glifosato por un periodo de al menos cinco años podría ser revisable si la presión social que gira en torno a este polémico componente activo de algunos herbicidas continúa aumentando, lo cierto es que España encabeza el ranking comunitario de consumo de productos fitosanitarios. Según el último informe de la Oficina Europea de Estadística (Eurostat), en 2016 se vendieron en nuestro país cerca de 77.000 toneladas de pesticidas. Dicha cantidad, junto a los millones de kilos comercializados en Francia, Italia y Alemania, acapara en torno al 80% de las ventas en dicho ejercicio. Por otro lado, el mismo estudio revela que las ventas de fungicidas y bactericidas se ha disparado en nuestro país un 45,2% en cinco años al pasar de 31,3 a 38,9 millones de toneladas.

En Castilla y León se utilizan una media de 6.338 toneladas anuales de pesticidas. Y aunque no se registran grandes picos entre campañas, lo cierto es que las ventas reflejan una tendencia más o menos ascendente que se traduce en un incremento del 38,8% entre el 2000 y 2014. Lo que está claro, tal y como refleja el estudio delInstituto Aragonés de Estadística a partir de los datos recogidos por la Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas (Aepla), es que el empleo de estos productos ha repuntado en la Comunidad. Así lo demuestra el aumento detectado durante 2013 y 2014, cuando se consumieron 7.628 y 7.670 toneladas, respectivamente.

En lo que respecta al país en su conjunto, Eurostat no solo confirma el predominio de los fungicidas y bactericidas con casi 40.000 toneladas vendidas. La entidad también señala el auge de los herbicidas destinados a destruir el acarreo y el musgo, que con 15,2 millones de kilos acapararon el 17,9%% del total nacional de productos fitosanitarios que se comercializaron hace un par de años. A continuación se encuentran los insecticidas y acaricidas, con 7,5 millones de toneladas, mientras el consumo de reguladores del crecimiento de plantas supusieron 151.972 kilos.

Los grupos ecologistas, lejos de tirar la toalla, siguen manifestando su rechazo a una prórroga avalada desde el principio por las organizaciones profesionales agrarias (Opas). Al mismo tiempo, mientras Monsanto defiende en los tribunales la inocuidad de sus productos, cada vez más administraciones públicas, a todos los niveles, se suman a la negativa de emplear esta clase de compuestos a la hora de eliminar las malas hierbas.

Consciente de que se trata de un «tema polémico», el secretario técnico del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Castilla y León y Cantabria, José Ignacio Velasco, considera necesario analizar los «pros y los contras» en lugar de defender una postura «radical». De entrada, sabe que es «mejor» producir sin fitosanitarios, lo cual no quiere decir que «técnicamente sea viable a día de hoy».

Partiendo de esta base, y teniendo en cuenta que el glifosato es el herbicida «más usado y más barato» del mercado, Velasco remarca que las autoridades europeas se encargan de «evaluar» las características de cada producto y «defendernos, como consumidores, de los peligros que puedan tener». No en vano, cree que el glifosato es prescindible en la mayoría de trabajos relacionados con jardinería porque la eliminación de las malas hierbas se puede solventar con el «desbroce mecánico». Es más, recuerda que ya existe una legislación «muy clara y muy exigente» que obliga a realizar «evaluaciones de los tratamientos, señalizarlos debidamente» e incluso establecer unos «plazos de espera para que no puedan entrar personas ni animales», Otra cosa es que «a veces sea desconocida», por lo que en ocasiones «las propias instituciones no hacen para que se cumpla».

Más allá de las posturas encontradas entre los defensores y detractores del glifosato, las administraciones llevan años haciéndose eco de las advertencias de expertos científicos y entidades de peso como al Organización Mundial de la Salud (OMS). De hecho, elProcurador delComún de Castilla y León sugirió hace cuatro años a las instituciones públicas que prescindan de herbicidas con glifosato a la hora de limpiar carreteras de su titularidad «cuando transcurran por zonas naturales protegidas» y valorando «erradicación para el resto de tramos».

Aparte de citar los ejemplos de las diputaciones de Burgos yPalencia al prescindir por completo del glifosato, la Institución también recomendaba a varios ayuntamientos de la región la eliminación de herbicidas, «en la medida de lo posible», en la limpieza y mantenimiento de «parques y jardines públicos, campos de deportes y áreas de recreo, áreas escolares y de juego infantil, así como en las inmediaciones de centros de asistencia sanitaria».

En clave europea, el centro del debate se sitúa en Francia, partidaria de su prohibición antes de que finalice la prórroga comunitaria. Además, su exministro de Ecología, Nicolas Hulot, cargó duramente contra Monsanto después de que se viese obligada a indemnizar con 289 millones de dólares a un agricultor norteamericano que culpó a la multinacional de enfermar de cáncer a raíz de utilizar productos con este componente.

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