Diario de Valladolid

Los frutos del esfuerzo colectivo

Desde la siembra hasta su selección «de una en una», los productores de la alubia roja de Ibeas realizan todos los procesos de forma manual, ya que la mecanización afectaría a su calidad

Una de las parcelas destinadas al cultivo de alubia de Ibeas durante el periodo de siembra para esta campaña.-ECB

Una de las parcelas destinadas al cultivo de alubia de Ibeas durante el periodo de siembra para esta campaña.-ECB

Publicado por
Diego Santamaría

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Aunque nadie pone en duda su calidad, la alubia roja de Ibeas estuvo a punto de desaparecer hace algo más de una década. Afortunadamente, un grupo de particulares y empresas locales de la Vega Baja del Arlanzón se agruparon en 2008 para cultivar y relanzar el producto a través de la Asociación para la Promoción de la Alubia Roja de Ibeas. De no haberse dado este paso en firme, ya se hubiese extinguido, pues «si no te unes y no das valor a lo tuyo al final se pierde», reconoce su presidente, Alejandro Fuentes.

Por norma general, siempre y cuando el tiempo lo permita, la siembra arranca durante la primera quincena de mayo, a ser posible entre «el 9 o el 10». Esta vez no pudo ser a causa de la lluvia. «Algunos se adelantaron y otros esperamos a después». No obstante, podría ser peor, ya que «si no llueve mucho es malo para la nascencia».

«Con el tiempo no sabes cómo acertar», subraya Fuentes para hacer extensiva esta máxima de la agricultura a los trabajos previos a la siembra durante abril, un mes aciago por la tromba de agua que dificultó la preparación de los terrenos ante la necesidad de evitar la aparición de terrones en las tierras.

A pesar de los contratiempos, la planta ya «está naciendo». Lo que toca ahora es la escarba -manual o con azada- para eliminar las malas hierbas que nacen tras las lluvia. Después, «a mediados del mes que viene», arrancará el entutorado. Hasta hace no mucho, se realizaba con palos de chopo. El problema es que «se pudren, se cascan y dan más trabajo», por lo que muchos optaron por las varillas de acero corrugado, capaces de aguantar fuertes vendavales. Por otra parte, para asegurar una mayor resistencia, las plantas se atan «en forma de tienda de campaña, de tres en tres o de cuatro en cuatro».

Junto al factor clima, que ha de ser lo más suave posible, los riegos constituyen un elemento fundamental sobre el resultado final del producto en términos de calidad. Desde «principios o mediados de julio hasta mediados de octubre», los agricultores riegan por inundación al surco cada «siete u ocho días». Por el momento, esta modalidad se ha revelado como la más efectiva, aunque Fuentes reconoce que «estamos probando otros métodos» que actualmente se encuentran «en fase de experimentación». Por ejemplo, el riego por goteo o por aspersión.

La etapa más dura

Si todo avanza según lo previsto, «la última semana de septiembre o la primera de octubre ya se puede empezar a recoger algo». Comienza así la etapa más dura -físicamente hablando- de la campaña, que suele prolongarse «hasta finales de noviembre si el tiempo nos deja». Y es que las malas condiciones meteorológicas provocan que las alubias «se pudran en la tierra», por lo que «no da tiempo a recogerlas». Además, hay que tener en cuenta que la producción en este caso es escalonada y «la alubia se recoge según va saliendo».

Las jornadas laborales en esta fase se prolongan durante unas ocho o 10 horas diarias para aprovechar la luz natural. Una vez finalizada la recogida, las alubias se exponen al sol para que se sequen. A continuación, «se apalean para sacar el grano de la vaina y luego se seleccionan en casa, de una en una, para quitar las que sean de peor calidad, las que están más verdes y no tengan el color natural de la alubia o las que sean más pequeñas». Desde siempre, por regla general, los hombres se encargan del trabajo más físico y las mujeres seleccionan

Todavía es pronto para hacer estimaciones. El presidente de la asociación índice en que la suma de factores -sobre todo meteorológicos- imposibles de predecir impiden prever la producción de cada campaña con tanta antelación. No obstante, confiesa que a partir de septiembre podría «mojarse» y aportar alguna previsión. Eso sí, desde la más estricta cautela. Aún con todo, Fuentes afronta el presente ejercicio con optimismo. De hecho, espera «una producción igual o mejor que la del año pasado», que rondó los 4.000 kilos.

Sin maquinaria

El principal motivo que puso en peligro la continuidad de este cultivo guarda relación con las duras condiciones de trabajo que implican la mayoría de los procesos. Sin embargo, la enorme dependencia de mano de obra marca la pauta si lo que se pretende es obtener un producto de calidad. Así lo entiende Fuentes, consciente de que «no funciona otra cosa que se salga del patrón». Iniciar un proceso de mecanización es a todas luces inviable con la alubia de Ibeas. Se intentó en su día, pero «no funcionó».

La experiencia ha demostrado que «tiene que ser entutorada». Y añade que en la asociación nadie lo pone en duda porque «si no te la cargas». Así pues, el esfuerzo del productor, su sudor de sol a sol, seguirá siendo la seña de identidad de un producto que se resiste a desaparecer.

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