GANADERÍA
El sector porcino hace los deberes
El ganadero Alberto Pascual apuesta por un modelo de integración para optimizar costes

Animales en las instalaciones de la empresa Agropecuaria La Serrota con tres granjas en la provincia de Ávila.-E. M.
El sector del porcino ha hecho los deberes en los últimos años, convirtiendo a España en el primer productor europeo y a Castilla y León a la cabeza de las comunidades punteras, por detrás de regiones como Cataluña y Aragón.
Y ello, pese a los problemas derivados de un fin de ciclo que llega tras unos años de bonanza en los que muchos productores no se han conformado con dejarse llevar por la inercia y han apostado por la innovación y la mejora de sus explotaciones.
Uno de esos casos es el de la empresa Agropecuaria La Serrota, con domicilio social en Ávila, pero con granjas en Santa María del Arroyo, Villanueva de Gómez y Solosancho. La primera para madres, con capacidad para 2.600 animales y lechos de hasta seis kilos; la segunda, con la misma capacidad, denominada de transición para lechones de entre 6 y 20 kilos, y la tercera de cebo, con un total de 1.600 plazas para lechones.
Este último cebadero comenzó a andar en diciembre del año pasado, introduciendo todo tipo de mejoras encaminadas a «priorizar la sanidad e higiene» de los animales, tal y como explica a este periódico el administrador de esta empresa, Alberto Pascual, quien avanza que a finales del presente ejercicio está prevista la construcción de una segunda nave.
Según describe Pascual, estas modernas instalaciones han introducido mejoras en el aislamiento; cuentan con divisiones de los parques en polipropileno que facilita la higiene, ya que son más fáciles de lavar; disponen de fosas para el purín realizadas con hormigón con un diseño que permite el lavado cada vez que se vacía; un falso techo de la cubierta realizado con polipur…
Estas son mejoras en unas instalaciones que también están pensadas para incrementar la producción a partir de una tolva de alimentación «semi-húmeda», con el objetivo de repartir de forma más homogénea la alimentación, de manera que los animales no tiren pienso ni agua, generando menos purín.
Asimismo, los responsables de la empresa han tenido en cuenta para la construcción de la nave todo tipo de medidas de climatización para un espacio que ha aumentado la altura de 2,5 a 3 metros y que dispone de calefacción, así como de un pasillo central y parques grandes para los lechones.
Esta granja de Solosancho, que se nutre de las otras dos, distribuye los lechones a 40 granjas repartidas por las provincias de Ávila, Soria, Valladolid, Segovia y Burgos.
Agropecuaria La Serrota trabaja para una de las integradoras más potentes actualmente, dentro de un sector que se ha transformado en los últimos años, apostando precisamente por este modelo de integración, en el que quienes han sido ganaderos, como Alberto Pascual, que hace seis años decidió cambiar el chip.
Según ese modelo, los ganaderos alquilan sus granjas a las integradoras, aportando sus instalaciones, contratando a la gente y manteniendo unas explotaciones en las que cuidan un ganado que ya no es suyo, alimentándolo con un pienso que también es aportado por esas empresas integradoras para las que trabajan.
Este modelo que en España comenzó a funcionar hace dos décadas, se ha ido consolidando poco a poco, también en Castilla y León, aunque de manera más lenta, ya que en esta Comunidad el cambio de modelo ha sido más paulatino teniendo en cuenta el peso del ganadero tradicional, con explotaciones más grandes.
La transición de un modelo a otro, aunque en la región ha sido algo más lento, también se ha producido, sumándose al carro de un cambio que parece imparable y que según Pascual a él le ha aportado ventajas, después de un proceso de adaptación al que a su juicio «conduce el mercado».
Para este ganadero, los pasos dados hasta el momento, permiten afrontar de menor manera el complicado momento que afronta el sector tras un ciclo de bonanza.