Diario de Valladolid

El maestro pastelero del Duero

XOKORETO (Castronuño, Valladolid) En 2013 José Ignacio Colinas abrió este taller donde da rienda suelta a su creatividad con las mejores materias primas

XOCORETO

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Henar Martín Puentes

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José Ignacio Colinas es  maestro chocolatero por pasión y convicción. Aún conserva como oro en paño aquel recetario que fue escribiendo página a página en la cocina de su madre. Enamorado de su pueblo y de las bondades que guardan los productos de la zona, al cumplir los 18 decidió regresar a su tierra desde Bilbao, donde había crecido de niño. A partir de entonces emprendió un camino laboral que le ha llevado a dar distintas vueltas, primero como hostelero de diversos locales en la localidad de Alaejos hasta el día de hoy en el que ejerce como maestro pastelero y docente en la Escuela Internacional de Cocina de Valladolid. «Tuve un bar pero siempre me gustó el mundo de la cocina, tenía 25 años y ya me cansaba el mundo de la hostelería, el cuerpo me pedía otra cosa y decidí focalizarme en lo que verdaderamente me apasionaba», explica. 

Fue entonces cuando viaja a León, donde se formó en el prestigioso Centro Saper a las órdenes de Alberto Pérez. Allí aprendió las técnicas básicas en la elaboración de tartas, bombonería, hojaldres y helados. Un aprendizaje que fue ampliando más tarde con el título de grado medio en el Instituto Diego de Praves de Valladolid.  

 En la actualidad José Ignacio ha visto cumplido el sueño de ser pastelero y chocolatero. Un oficio que desempeña con maestría en Xokoreto, un espacio abierto en 2013 en un lugar privilegiado con vistas de la Reserva natural Riberas de Castronuño-Vega del Duero. 

Es un defensor en mayúsculas de la calidad del territorio y apuesta siempre que puede por el producto de cercanía. «Las materias primas proceden de Castilla y León, es increíble la calidad que tenemos en nuestros productos. La leche y la nata con la que trabajo es de la cooperativa Gaza, es excelente», señala el maestro pastelero.  Su conocimiento de la nata le llevó en 2019 a viajar a China para divulgar entre los profesionales del sector en el gigante asiático las posibilidades culinarias que posee. 

Uno de los ingredientes ‘fetiche’ en sus recetas es el pistacho, producto de cercanía que le provee la empresa Pistacyl. «Nos encanta, no tiene nada que envidiar a ningún otro pistacho que hemos probado». En el caso del cacao recurre a firmas de chocolate belgas o suizos que a su juicio, son los mejor trabajados. 

Su mente inquieta le ha llevado a realizar numerosas creaciones defendiendo la materia prima de la zona, como el helado de aceite de oliva Doce+Uno que produce Emán Vara en Ataquines. Y es que en este aparado, en el de los helados artesanos, asegura sentirse cómodo, con creaciones frescas y divertidas. Ha lanzado un helado con los famosos morenitos de Villaseco que se elaboran en Nava del Rey o con la chocolatera Juan Ruiz de Rueda; mientras,  prepara otro helado con la quesería Cañarejal que llevara un toque de dulce de pimiento. «Hacemos cosas muy cercanas, diferentes, que la gente reconoce enseguida». 

Ahora se prepara para desembarcar en la próxima edición de Madrid Fusión donde tiene previsto  llevar una gama de helados elaborados íntegramente por productos de ‘Alimentos de Valladolid’, el sello de calidad de la provincia. 

Su día a día es una actividad frenética entre su taller, donde cuenta con un equipo formado por tres mujeres que viven en el entorno rural, y su labor docente en Valladolid y Salamanca. Un ir y venir en el que mientras tanto, va pensando en nuevos retos y proyectos en el horizonte. «Me gusta estar pensando en nuevas colaboraciones», confiesa. EMBAJADOR DE SU TIERRA

José Ignacio se ha convertido en una de esas figuras indispensables que dan vida al pueblo de Castronuño. «Antes de la pandemia, en 2019 hicimos una feria con el nombre ‘Sabor a Duero’, en la que conseguimos traer al Parque de la Muela 25 bodegas, 5 restaurantes y cocineros con estrella Michelin. Fue todo increíble, desde el escaparate, el lugar con las vistas a los meandros, hasta el desarrollo de la Feria. Defendemos mucho nuestro territorio; cuando voy a un restaurante y veo una mousse con torta del Casar no digo que no esté bueno pero pienso –¡tenemos productos  buenos o incluso mejores!–. Intentamos vender mucho nuestro territorio.

 Su obrador de Castronuño bien merece una visita por el lugar en el que se enclava, la belleza del local y la calidad de sus elaboraciones. Cuenta con punto de degustación. Desde allí atiende cada día los pedidos que le llegan; realiza servicios con transporte a la capital vallisoletana. También realiza catering y todo lo que le propongan es un nuevo reto para él. «Todos los días es un paso más, me gusta llevar a cabo sueños y retos». 

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