DE VINOS / BODEGAS VALDEVIÑAS
La casa de los Mirat en el Duero
Jorge Rodríguez e Isidoro Álvarez (derecha), ante el edificio de la bodega Mirat, la única ribereña del entorno de Langa de Duero.-ARGICOMUNICACIÓN
Aire francés en el diseño sensorial del vino de esta bodega, en los enólogos que lo trazan y en la marca familiar, que liga a los Mirat a la Denominación de Origen Ribera del Duero. A mediados del siglo XVIII, Jean Mirat se establece en Salamanca. En aquel tiempo inició su andadura con una manufactura de polvos de almidón. La familia Mirat ha pasado por muchas etapas, pero siempre ha permanecido vinculada a la tierra, a la agricultura. Hoy, el grupo de empresas de los Mirat sigue relacionado con Salamanca y mal se podría entender el desarrollo de la agricultura de la región sin ellos. En pleno siglo XXI, los tataranietos de Jean siguen al frente. A finales de los 90 del siglo pasado, dos de ellos, Gregorio Mirat y Juan Antonio Ortiz de Urbina decidieron entrar en el sector del vino. Lo hicieron con el mismo criterio selectivo, empresarial y espíritu de modernidad que ha caracterizado a su familia desde siempre.
Si bien los Mirat son conocidos hoy en el sector de los fertilizantes, también son una referencia de los vinos de calidad del Duero. La buena disposición del Ayuntamiento de Langa de Duero (Soria), la altitud y la calidad de los suelos de los pagos de Val de las Viñas y los Escobares les motivaron a plantar viña y construir bodega en la Ribera del Duero soriana en la añada de 1999. Desde la primera cosecha hasta hoy, la personalidad de los vinos se ha mantenido, gracias a que el mismo equipo técnico y humano ha permanecido intacto. El enólogo de Elne –cerca de Perpignan– Georges Pauli asesora desde Burdeos, mientras que el enólogo Emmanuel Ivars, con origen en el Valle del Loira, lo hace pisando el terreno, pues vive en la localidad burgalesa de Aranda de Duero desde hace más de dos décadas. Esto hace que el diseño de los vinos tenga un claro estilo bordelés.
Los vinos de esta bodega de Langa de Duero –los tintos Mirat– salen al mercado dentro de las categorías de reserva y gran reserva, habitualmente con más de diez años de crianza. Son vinos armónicos, con escasa concentración, alejados de pesadas estructuras tánicas y llegan a la copa muy pulidos. Todos ellos responden a las 20 hectáreas de viñedo propio, que alcanzarán los 20 años de vida en la próxima añada. Las viñas, que rebosan plenitud, están a una altitud de 850 metros, donde se producen abundantes contrastes térmicos entre la noche y el día, y donde prolifera el canto rodado en el mismo terruño. Largas maceraciones, fermentaciones en roble francés, incluidas las malolácticas, y mínimos de estancia en barrica entre 12 y 18 meses definen los tintos Mirat, que envejecen en la nave de crianza y en la botella entre cuatro y quince años.
Durante todos estos años, la cara visible de la bodega de los Mirat ha sido –y lo sigue siendo– Isidoro Álvarez Bermejo, responsable de viñedo, quien además se encarga de tareas de comercialización en actos y presentaciones. Junto al bodeguero Jorge Rodríguez, ambos son las personas que están siempre en la bodega, la única de esta parte de la provincia de Soria. La bodega elabora vinos con la producción de sus 20 hectáreas de tempranillo y comercializa alrededor de 60.000 botellas al año. Junto a los Mirat gran reserva y Mirat reserva, también salen al mercado tintos de crianza, como el Tinar de Mirat, el rosado Torrelanga y un blanco joven monovarietal, elaborado con la uva blanca albillo.