Alta tensión en Zaragoza
Pintadas y puerta reventada en la casa del extremo Rober González

Rober González y Diallo, en el reciente Zaragoza-Granada.
Los jugadores del Zaragoza no llegarán en el mejor estado anímico al partido de Zorrilla, último cartucho que les resta de cara a una salvación que de todas formas seguiría más que complicada. A los gritos e insultos cada vez mayores de la grada maña, se unieron las ya delictivas pintadas en el exterior de las oficinas del club y en la fachada de domicilio de Juan Forcén, único directivo que vive en Zaragoza. Ahora la tensión se amplía y les ha llegado el turno a los jugadores de la plantilla zaragocista.
«Esta noche me tocó a mí. Me pintaron la casa y me reventaron la puerta. Son temas que no benefician al equipo. Hay niños dentro de la plantilla que tienen miedo y creo que no beneficia a ninguna parte. Ver a nuestros hijos o mujer con miedo no beneficia a nadie», comentó en rueda de prensa Rober González.
El hecho sorprende pues, dentro de la salvajada y el delito que supone violentar un domicilio, con el añadido de habitarlo menores de edad, la contribución en el campo del extremo es de lo poco rescatable del equipo. Aunque se tratase del peor jugador no habría justificación, pero así aún se entiende menos.
El atacante, en vez de enfadarse, se mostró conciliador pese a poner límites. «Respeto totalmente lo que la afición pueda mostrar o decir en el campo, incluidos insultos o pitadas. Estamos haciendo una temporada de mierda pero hay temas que no se deben sobrepasar».