En el nombre de la madre


Sanseviero dedica un gol que ya es histórico para el equipo a sus allegados y en especial a su mamá, a la que perdió a los 14 años / «Siempre llevo una banda en el brazo que dice ‘familia’ y representa todo lo que pasamos»

Sanseviero muestra una camiseta en apoyo al lesionado Ohio tras marcar y con la banda blanca visible.REAL VALLADOLID

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Valladolid

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Lucas Sanseviero quizá haya marcado el gol más importante en la historia reciente del Real Valladolid. No le ha dado una permanencia en Primera. Ni un ascenso. Ni mucho menos, como en un pasado cada vez más lejano, un pasaporte de entrada en competición europea.

Lo del uruguayo fue mucho más importante. Su diana puede haber depositado al Pucela en el lado bueno de la frontera entre el fútbol profesional y el semiprofesional. Entre los artistas de LaLiga y los artesanos de la RFEF, de presupuestos raquíticos y estadios que no tapan los edificios colindantes. Fue un tanto para esquivar la muerte deportiva de un histórico.

Sanse, su sobrenombre de siempre, confiesa con una sonrisa de oreja a oreja que el tanto marcado al Sanse (apodo de la Real Sociedad B desde que era el San Sebastián; estaban destinados a cruzarse) es «el primero que logro de cabeza en toda mi trayectoria, había tenido chance, pero nunca lo conseguí».

No lo pareció, por cómo se perfiló, aun cayéndose con un defensa encima, y por el giro que imprimió a su cabeza para mandar un balón fuerte y bien dirigido lejos del alcance de Arana. Lo ha visto en pantalla repetidas veces. «Cada día lo estoy disfrutando más» confiesa feliz.

Más serio se pone el charrúa cuando explica a quién dedicó el gol. «Me tocó perder a mi mamá con 14 años y en este tiempo siempre estuvo mi abuela conmigo, toda la vida. Siempre llevo una banda en el brazo que dice ‘Familia’. Representa a todo lo que pasamos como familia. Principalmente fue para ellos: mi mamá, mi abuelo, que lo tengo conmigo, mi novia también, que ha sido un pilar fundamental. Y en la cancha estaban mi agente y mi representante, que me apoyaron mucho. También fue para ellos el gol». 

Sanseviero está encantado con Escribá, y eso es importante, al decirlo un jugador que no es titular. El valenciano es un técnico honesto con sus jugadores y eso fortalece la adhesión de la plantilla con él.

«Cuando llegó dijo que conocía a algunos jugadores, pero yo no era uno de ellos. No sabía qué podía darle al equipo y quizá yo no estaba al cien por cien de lo que yo podía brindar. Después tuvimos una charla y la verdad es que me tengo que sacar el sombrero. Es un señor. Fue muy claro conmigo».

El extremo comenta detalles de esa charla. «Fue para saber en qué necesitaba mejorar para agarrarme un lugar (ser titular). Me sorprendió mucho porque me dejó cien por cien seguro de que estaba haciendo las cosas bien, y me brindó mucha más confianza de la que ya tenía. Hay técnicos que te mojan la oreja y él es todo lo contrario. Con Fran no me pasó, por eso digo que es un señor. Lo respeto mucho».

Sanseviero indica que esa confianza en el míster es compartida en el vestuario. «Es muy claro, no sólo en las conferencias, sino con nosotros. Nos transmite muchísima confianza y seguridad, y nos da muchas herramientas en el día a día y en el prepartido».

La aclimatación del atacante no ha sido fácil. Llegó en enero, en plena temporada y en una situación difícil. Y lo hacía desde una Liga menos exigente que la española, aunque sea la Segunda.

«Soñé toda mi vida estar acá y me aferré a este sueño. El grupo me recibió de forma espectacular y eso me facilitó las cosas. En los momentos más duros es donde se ven los verdaderos equipos y creo que lo hemos sacado como equipo y como grupo también. No sólo somos los 25 jugadores, sino que hay mucha gente atrás que me ha ayudado mucho en esa adaptación».

El extremo aún se ve con margen de mejora, como comenta al decir que no estar aún al cien por cien de su capacidad. «Todavía no soy el Lucas del Danubio, el que me llevó hasta acá. Me ha costado un poco la adaptación al fútbol español, en detalles más que nada. Un poco más de plegar (bajar), quizá la velocidad y encarar mucho más, que es mi fuerte, igual que jugar por la derecha, pero salgo donde me pongan».

Y recalca diferencias con el fútbol de la República Oriental. «Éste es más rápido. En Uruguay llegaba al fin de semana y no sabías cómo iba a estar el césped en algunos campos. Acá sabes que vas a estar siempre con una cancha preciosa y la pelota rápida. Hay que acostumbrarse a un fútbol más dinámico».

Sanseviero procede de ese fútbol charrúa, menos remilgado que el europeo y en el que aún rigen los antiguos registros de este deporte. Por eso comprende perfectamente la pitada y los gritos del graderío a su equipo ante la Real B.

«En Uruguay, cuando el equipo no funciona, puedes ganar diez partidos, que luego pierdes uno y te están silbando. Vengo de un equipo que también exige muchísimo, como es Danubio, y es normal. La gente paga su abono y se descarga. Hay que entender que hay momentos y momentos, pero tiene derecho a demostrar que está disconforme, no solo por este año, sino por el anterior».

El futuro de Sanseviero está en el Real Valladolid aunque firmó hasta junio. Existe un compromiso derrado entre ambas partes para prolongar la relación por al menos dos temporadas, hasta junio de 2028, al igual que con Lachuer. Sanse prefiere seguir por ahora el guión establecido, aunque su deseo pasa por vestir la blanquivioleta ese tiempo y más.

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«Con el club no he hablado nada, sí con mi representante. Le hice saber que estoy muy contento. Esperemos que en la próxima semana pueda haber alguna noticia o algo que me pueda dejar más contento».