La manta que no le llega al Real Valladolid
El ‘efecto Escribá’ también se esfuma y ‘su’ Pucela ha pasado de encajar y marcar mucho, pero ganar, a recibir poco, a anotar menos y perder más / Los jugadores, señalados / Es el sexto equipo menos goleador de Segunda

Escribá en el banquillo durante el último partido en Andorra.
Durante toda la temporada, pero más desde la llegada de Escribá (hace exactamente 10 partidos), el Real Valladolid parece ser víctima de la ‘teoría de la manta corta’, metáfora que describe la necesidad de elegir entre dos opciones insatisfactorias debido a recursos limitados. Taparse los pies dejando descubierta la cabeza o al revés. Elegir entre algo malo o algo peor. Porque con Escribá el Real Valladolid vuelve a las andadas dejando claro que ‘la cabra tira al monte’ señalando de forma obvia a los jugadores. Y es que en los 30 puntos disputados con el técnico valenciano al frente, el Valladolid ha experimentado con ambas situaciones de una manera muy distinta.
Cuando los pucelanos se destaparon los pies para taparse la cabeza (las cuatro primeras jornadas con Escribá a los mandos) mejoraron, ganaron y convencieron aunque con el debe de encajar demasiados goles. En una situación de necesidad y de paliar urgentemente las goleadas y derrotas recibidas, pareció optarse por la valentía. Escribá era alzado a los altares aún recibiendo siete dianas pero marcando nueve, pero a fin de cuentas sumando ocho puntos de 12 , que sirvieron para salir del atolladero en el que estaba metido.
LA VENTANA INDISCRETA
Pero como por arte de magia todo cambió. La obsesión de frenar las sangrías de goles encajados llevó a Escribá a tapar la cabeza del equipo para dejar al descubierto los pies. El mundo y su estilo, de vuelta del revés de un plumazo. Planteamientos rácanos que hicieron al conjunto vallisoletano pasar más frío que cuando tenía destapada la cabeza. El equipo corrigió la sangría, sí, (cinco goles encajados en los últimos seis partidos), pero dejó al descubierto la pérdida de puntos por su incapacidad de cara a portería.
290 minutos consecutivos sin marcar(desde la diana del 3-0 ante el Cádiz en casa, sumado a los partidos ante la Cultural, Éibar y Andorra), cuatro de los últimos seis duelos sin perforar la meta rival, una obre productividad de 12 puntos de 30 posibles, y el efecto entrenador totalmente desactivado con un Real Valladolid irreconocible, manso y en el que muchos de sus jugadores quedan retratados por su nulidad.
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La fórmula de las no derrotas es más que manifiesta y el miedo unido a la relajación han llevado a los blanquivioletas a pasar de la fogosidad que les daba llevar los partidos al caos y la locura (representada en la figura del experimentado Iván Alejo), al frío gélido, también representado en el césped por el delantero noruego que no es delantero Erlien.
Un dato lo explica todo. En los cuatro primeros choques de la era Escribá el Real Valladolid se marchó con una cifra alta de expectativa de gol (más de 1,5) para dar paso a la mediocridad desde finales del mes de marzo y abril (inofensivos en ataque y con dos partidos a domicilio con 0,16 y 0,17 de expectativa de gol).
El Real Valladolid, con su plantilla señalada, se agarra afortunadamente a que el resto de rivales que luchan por esquivar el descenso (Cádiz, Zaragoza, Huesca, Mirandés y Cultural) lo hacen aún peor. Triste consuelo para todo un ex Primera como es el Real Valladolid. Triste consuelo.