Diario de Valladolid

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El método Escribá

El Real Valladolid cambia de cara con el nuevo entrenador: líneas juntas, ambición, remontadas, competitividad y orden/ El técnico entrega las llaves a Chuki y Ponceau como nuevos líderes del equipo

Fran Escribá da indicaciones en el partido ante el Huesca.

Fran Escribá da indicaciones en el partido ante el Huesca.LALIGA

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«Cómo hemos cambiado», sería el canturreo en el pensamiento actual del aficionado del Real Valladolid rememorando a Presuntos Implicados en el año 2002. Y es que no hace falta irse tan lejos. Basta con remontarse a hace tan solo tres semanas. El Pucela parece, por fin y tras la llegada del cuarto entrenador al banquillo, experimentar la esperada metamorfosis de gusano a mariposa y no al revés como ocurría hasta hace muy poco. Ha pasado del ridículo a la competitividad y rebeldía. Literal. Y lo ha hecho solo en 21 días, en 270 minutos.

Las líneas maestras implantadas en Gijón, Zorrilla y Málaga tienen varios caminos claros que han mejorado al equipode cara a las 13 finales por la salvación que le quedan por disputar. Lo fundamental, la mentalidad. ¿Cuánto hace que no se escuchaba en Valladolid un discurso desde el banquillo como el de Escribá?: «Hemos empatado dos partidos y quería ganarlos todos». El dicho ha dado paso al hecho y no se ha quedado solo en palabras vacías. Fundamental para crecer.

AMBICIÓN. No solo el discurso del entrenador refleja ese querer sacar la situación adelante, sino también las ganas que muestran los jugadores en el campo (muy diferentes a las anteriores). Un simple gesto como que Pablo Tomeo fuera a por el balón para sacar cuanto antes tras el 3-3 de Latasa en la Rosaleda puede parecer insignificante, pero lo dice todo. El no puedo devoró al quiero y ahora este Pucela cree, quiere y con eso se ha demostrado a sí mismo que puede. Cuestión de mentalidad.

ORDEN. «Son el equipo con sus líneas más juntas, todos los jugadores entre 16 y 18 metros», dijo Funes (técnico del Málaga) en la previa del último duelo. La enorme distancia entre líneas ha desaparecido y el alivio ha llegado a una plantilla a la que se ve más liberada y con más confianza. Lo metódico en el pensamiento de Escribá se ha trasladado al césped y, de momento, da resultados.

COMPETITIVIDAD. Pezzolano, Álvaro Rubio, Cocca, Almada y Tevenet reflejan lo que era el último año y medio del Pucela: un gol en contra, bajar los brazos y... goleada. En contadas ocasiones el Valladolid tiraba de coraje y de carácter para remontar partidos y en tres jornadas lo ha hecho dos veces. No es casualidad. La fragilidad mental parece haber quedado atrás y golpe a golpe Escribá ha conseguido construir versos, los de la competitividad. 5-1, 4-0, 3-0, son resultados anticompetitivos y el camino para dar un cambio de timón es competir. En el Molinón se encaja en el minuto siete, se merece ganar y se empata; y en la Rosaleda se reciben dos tantos en 15 minutos y se vuelve a empatar mereciendo más. Mismo patrón, encauzar el rumbo por el camino correcto.

TALENTO Y CONFIANZA. Lo que más vale suele estar escondido. Y lo estaba. Dar las llaves del centro del campo a Ponceau y Chuki y recuperar la confianza de Marcos André o Sergi Canós Tenés son recuerdos que estaban en un rincón tras ser usados en contadas ocasiones y que Escribá ha desempolvado para que reluzcan. Bajo el pie del pucelano y el francés el equipo es capaz de jugar como no lo había hecho antes esta temporada. Y eso ya es un paso muy importante. Si los creadores pueden jugar los puntas pueden hasta reencontrasre con el gol, como han hecho Marcos André y Latasa desde la llegada de Escribá.

DEFENSA. Sin duda, el debe. El Real Valladolid ha conseguido dejar la portería a cero en casa, pero fuera de su feudo ha recibido dos y tres goles que le han privado de conseguir el triunfo a domicilio. Es la asignatura pendiente, aunque la sangría se ha frenado considerablemente respecto a los siete encuentros con Tevenet al frente en los que se recibieron 15 goles de los 41 totales (un 37%). Los errores condenan al equipo y todavía no se han resuelto a pesar de la mejoría del equipo en el resto de facetas. Este Real Valladolid progresa adecuadamente, pero también necesita mejorar.

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