Tierra de saber
La cada vez más nutrida presencia de canteranos y vallisoletanos empuja al club al reto del trabajo con la base como filosofía para atraer al aficionado / Dio resultados en el pasado

Tres de los seis vallisoletamos en Ceuta: Garri, maneja el balón, con Chuki cerca y Hugo San al fondo.
El hecho va más allá de la anécdota y por tanto no puede quedarse en una simple curiosidad para el guinness particular pucelano, aunque sea difícil de repetir. Durante siete minutos, del 73 al 80, el Real Valladolid jugó en Ceuta con seis canteranos, todos ellos vallisoletanos: los titulares Alejo, Torres, Hugo San y Chuki, más los suplentes Maroto y Garri.
Un éxito del trabajo de base que, como tal, no se puede apuntar la actual dirección deportiva y sí sus antecesores, capaces de ficharlos y forjarlos como jugadores, aportando estos la calidad suficiente como para que, una vez pulida, estén en condiciones de auparse al fútbol profesional. También es mérito del actual entrenador, sin miedo a colocar cinco chavales junto al más veterano Alejo, recolectando el éxito de una goleada en el momento oportuno.
No será fácil que vuelva a coincidir este sexteto en el campo, pero tampoco es imposible. De hecho ya hubo el mismo número de representantes locales en la segunda parte del segundo partido veraniego ante el Colo-Colo, aunque se trataba de un amistoso. Sobre el césped del David Arellano coincidieron Aceves, Koke, Torres, Garri, Maroto y Chuki.
La principal enseñanza que debe dejar en el club este suceso alegre de Ceuta es que el grado de implicación de los que han vestido la blanquivioleta desde abajo es habitualmente mucho mayor que el de los que llegan de fuera. Y que cambiar mucho de plantilla cada temporada, como ha hecho el Pucela en la última década, es sinónimo de desastre. Ni fomenta la unidad del grupo ni la comunión con la grada, más fácil con la cantera, a no ser que se trate de un equipo ganador.
Para eso hace falta mucho dinero, y no lo hay. Una forma de hacer de la necesidad virtud, es ese trabajo con la base, más barato y mucho más gratificante. Lo de Ceuta no debe ser una casualidad sino la plasmación de una filosofía.
El dato curioso y que debe llevara la reflexión, es que desde que se creó la cantera en el club, gracias a Ramón Martínez y Santiago Llorente, las mejores épocas del Real Valladolid han coincidido con una nutrida representación de nacidos en la provincia o en alguna de las limítrofes, formados todos ellos en el club.
El único título blanquivioleta absoluto oficial es la Copa de la Liga de 1984. En aquella plantilla y con Fernando Redondo en el banquillo, un técnico que no dudaba en dar paso a los jóvenes cuando se lo ganaban, figuraban Eusebio, Minguela, Sánchez Vallés, Santos, Jorge, Gail, Duque, Díez, más los poco habituales Moyano y Eutiquio, con un Fonseca de 18 años que sólo jugó un partido.
En total son ocho jugadores de la provincia de Valladolid y los asimilados desde la cantera y ahora tan vallisoletanos como el que más, Minguela (Segovia), Santos (Zamora) y Jorge (León).
La plantilla 88-89 fue la de la última final disputada por el Real Valladolid, la Copa del Rey perdida 1-0 contra el Real Madrid. Allí estaban los citados Minguela y Fonseca, acompañados esta vez por los vallisoletanos Patri, Cuaresma y Fano, más los canteranos César Sánchez (Cáceres), Santi Cuesta (Asturias), Ferreras (Zamora) y López (Palencia).
En la mano del Real Valladolid está el recuperar esta concepción de plantilla de la tierra y darle continuidad, no como la anécdota de una camada más o menos buena de futbolistas, sino como forma de trabajo, con los vaivenes lógicos de la diferente calidad de las generaciones. Para ello hay que detectar el talento cercano y potenciarlo.
Al Athletic Club, con sus peculiaridades económicas y sus viveros de captación fuera del País Vasco, no le ha ido nada mal con esta forma de entender el fútbol. La falta de recursos económicos empuja al Pucela a mirar hacia dentro, pero hace falta tener equilibrio. No hay que ser tan pobre como para malvender a Salisu y Juma, ni tan torpe como para regalar a Chuki, aunque esto es culpa de los anteriores dueños, los del negocio propio para su caja y por encima de todo y de todos.