El Pucela se ahoga
El Real Valladolid falla goles claros en la primera parte y se sume en el caos táctico propiciado por Almada en la segunda ante el cándido filial realista, que se lleva la victoria en medio del diluvio caído en Anoeta

Juric conduce el balón hacia la zona de ataque el balón en medio del diluvio.
-¿Cómo quiere ser ejecutado? ¿Inyección letal, silla eléctrica?, le pregunta el alcaide de la prisión al condenado a muerte.
- No -responde-. Quiero ser fusilado y que quien dispare sea el Real Valladolid.
Mejor reír que llorar ante un equipo que llama al llanto, a imitación del diluvio descargado sobre San Sebastián. El Real Valladolid se ahogó. Pero no en Anoeta. Ya venía ahogado de casa, como buen cadáver ambulante que vive en plan zombi. Le han matado su enorme incapacidad para marcar un gol y la no menor de Almada de sacar lo mejor del equipo, al que cada vez exprime peor. Ya no sabe ni colocar la naranja en el artefacto.
Ante la duda sobre si el caos pucelano se debe a la plantilla o al entrenador, ya tenemos respuesta, visto el partido ante la Real B: son los dos. La primera mitad dejó claro que este equipo no mete gol ni con la mano y sin rivales. La segunda, que a Almada esto le viene muy grande y no sabe ni quiénes son los mejores, ni cómo jugar, ni es justo dando oportunidades. Y cuando toda la plantilla, absolutamente todos los jugadores, parecen peores de lo que son, es evidente que la culpa es del técnico. Porque una cosa es fallar goles -lo que ocurrió en la primera mitad- y otra no sabe cómo hacer daño al rival -lo que ocurrió tras el descanso- ante el caos de cambios del uruguayo.
Cuando un equipo va rodado y está bien trabajado, puede jugar con la formación que sea. Cuando no es así, hay que profundizar sobre una hasta pulirla. En Anoeta, Guillermo Almada comenzó por su hoja de alineación con un 4-1-4-1 que pronto se vio como 4-3-3. Tras el descanso y la salida de Latasa mutó a 4-4-2. La cosa no iba y otro paso, esta vez al 4-2-3-1 con la marcha de Marcos André. Sin evolución y con urgencia, nueva vuelta al 4-4-2 con la entrada de Arnu a diez minutos del final. Un equipo mecanizado hasta disfruta con estas variaciones, pero el Pucela vomita del mareo que le entra. Porque cada vez es menos. 9 puntos de los últimos 30. Dos victorias en once encuentros, incluyendo el de Copa del Rey.
La Real B fue como el borreguito de una conocida marca de detergente, en cuando a su dureza y oposición canchera, lo que agrava aún más la derrota pucelana. Un borreguito, eso sí, con calidad y dientes para clavar al panoli que se despiste ante él. Como el Pucela.
Los albivioleta entraron al campo con ganas, velocidad y capacidad asociativa. Marcos André vio cómo le birlaban un balón cuando iba a rematar solo, y Federico tiró con Amath desmarcado.
La Real B no regaló. Una falta innecesaria de Alejo fue botada al área, Lachuer despejó como nunca hay que hacerlo: al centro. Cinco compañeros estaban en zona de nadie y Balda, lateral izquierdo, la enchufó a la red.
El Pucela siguió percutiendo, aunque bajó el pistón. Ya no era un fútbol muy colectivo, sino asociaciones entre dos jugadores. Fraga sacó con el pie un balón de gol a Amath y Federico tiró de nuevo con poco ángulo y con Amath solo. El del Getafe tiene un problema para entender los tiempos de este deporte. Como Lachuer y Ponceau para llevar el peso del juego. Su creación fue casi nula.
Astiazaran y Marcos André, éste muuuuy leeeento, gozaron de sendas oportunidades malogradas poco antes del descanso.
El 1-0 escocía, y más ante un filial tan alegre en ataque como en defensa y que dejaba huecos para perforarlo, pero al menos quedaba el consuelo de un fútbol más o menos colectivo y las oportunidades falladas.
La ilusión se fue por el desagüe en la segunda mitad, en la que el Pucela no jugó ni al waterpolo, aprovechando el diluvio. Con cada cambio colapsaba más. Ya de entrada se desgobernó con la presencia de Latasa en lugar de Lachuer. Éste no hizo tanto, pero Latasa rindió el doble de lo habitual en él de cara al gol, que es para lo que se le fichó. Si normalmente no hace nada, en Anoeta no hizo nada de nada. Ni se desmarcó en zonas de remate, ni bajó con éxito a asociarse, ni probó la jugada individual. Sólo metió el pie para un remate que se fue a cinco metros de la portería.
Chuki si aportó más. Canós, nada. Biuk intentaba su jugada, pero no la del equipo. Y Arnu, como siempre, para los diez minutos finales. No hace más que otros en 80 o 45, así que de nuevo al banquillo en un bucle eterno. Y Mario Domínguez, en el partido que mejor le iba al ser el rival un filial, no fue convocado. Está muy por hacer, pero tiene gol entre ceja y ceja. Al tiempo.
El que no le queda a Almada, que vio cómo el único peligro pucelano en esta segunda mitad fue un cabezazo a la cruceta de Juric, poco después de que Guilherme y el poste neutralizasen el tiro de Obieng. El meta lleva camino de ser de nuevo el mejor jugador de noviembre, pues sacó al poco de empezar esta mitad un tiro de Carrera que pedía gol.
El Pucela vuelve cianótico a casa. Los ahogados se quedan con ese tono de piel azul, por la falta de oxígeno. Almada no parece el indicado para reanimarlo. En su apatía, igual se confunde de bombona y le pone la de butano.
FICHA TÉCNICA
Real Sociedad B: Fraga; Dadíe, Beitia, Kita, Balda (Agote, min. 79); Aguirre (P. Rodríguez, min. 69), Astiazaran; Díaz (Marchal, min. 46), Mariezkurrena (Carbonell, min. 63), Ochieng (Ramírez, min. 79); y Carrera.
Real Valladolid: Guilherme; Alejo (Arnu, min. 82), Tomeo, Gores, Bueno; Juric; Federico (Chuki, min. 62), Ponceau, Lachuer (Latasa, min. 46), Amath (Canós, min. 62); y Marcos André (Biuk, min. 69).
Árbitro: Sánchez López.
Tarjetas amarillas: Alejo, Carrera, Ochieng, Dadíe, Tomeo y Chuki.
Tarjetas rojas: No hubo.
Goles: 1-0: Balda (min. 22).
Incidencias: Anoeta. 1.481 espectadores.