Diario de Valladolid

El Pucela comparece tras el descanso

Una patética primera parte se salda con el 0-1 momentáneo del Mirandés / En la segunda los blanquivioleta asediaron al rival pero sólo pudieron arrancar un empate pese a sus múltiples oportunidades

Ponceau celebra su gol.

Ponceau celebra su gol.LALIGA

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Lo que el Real Valladolid no pudo conseguir por calidad de juego, orden táctico y correcta toma de decisiones, lo logró a base de empuje y de épica. El equipo mostró que su encefalograma no es plano, a diferencia de lo ocurrido ante la Cultural y el Albacete, pero el fútbol expuesto ante el Mirandés no da para el ascenso. Hace falta más. Mucho más, aunque esta vez los de Almada tuvieron la vergüenza de dejarse aparecer por el partido, si bien sólo fue en la segunda parte. Arrancaron un empate que además supo a poco, cuando en el descanso se asumía la tercera derrota consecutiva como un hecho ineludible.

De ese afán competitivo mostrado tras el descanso debe tirar el Pucela hasta que aparezca el orden táctico que sepa explotar la mejor cara de cada jugador y también del grupo, sin convertir cada encuentro en un oda al bostezo, como en la primera parte y los dos choques anteriores, de casi imposible deglución.

El punto sumado acaba con la serie de dos derrotas albivioleta pero, de los últimos nueve puntos, los de Almada sólo han rescatado uno. Y suman una victoria en los cinco últimos encuentros. Son cifras en forma de arenas movedizas, y no ya si se mira al ascenso, sino para la supervivencia holgada.

El partido que midió a los pucelanos con el Mirandés no comenzó de forma diferente a los de Albacete y Cultural, pese a los cambios en el once. Federico entró por Amath, Canós por Ponceau y Garri por Bueno. Almada, que hace de las alineaciones un sistema de funcionariado, se lió la manta a la cabeza aunque la ausencia de Amath era obligada por lesión.

La primera parte fue tan mala, que los cambios fueron sólo de cromos, excepto Garri, el mejor local.

El Real Valladolid se estrellaba ante su incapacidad de encadenar tres o cuatro pases para crear una jugada o una acción de superioridad. No había centros y cuando aparecían, nadie estaba al remate. El mediocentro no existía para ayudar a la defensa y tampoco al ataque. Meseguer y Lachuer se hicieron invisibles,

El Pucela era una nada compuesta por jugadores estáticos, balones parados que fueron malgastados en cadena y unas líneas anárquicas por el roto en la medular.

En esta mitad sólo inquietó al Mirandés con un centro de Garri al que no llegó Federico por centímetros y un tiro manso de Canós. Latasa lo intentaba, como siempre, pero nunca estaba donde se hallaba el balón. Como casi siempre. Federico llegaba tarde y sin fuerza a todo y no era el mejor día de Biuk.

El Mirandés golpeó con una jugada ensayada en la que se pidió sin éxito falta a Alejo y fuera de juego. No era ninguna de los dos, aunque la revisión duró cinco minutos. Marino botó el balón, Gutiérrez lo tocó de cabeza para el remate de Córdoba pero éste llegó forzado y se lo dejó a Barea para que embocase a la red. El Pucela se retiró al descanso entre pitos.

En la segunda mitad fue acelerando su juego hasta acabar con un ritmo frenético, más por empuje que por orden, muy ayudado por los cambios. Chuki dotó de alma y verticalidad al ataque, mientras que Ponceau estuvo certero. Por fin. Aprovechó un centro de Tomeo para marcar de tacón, en una acción muy parecida al tanto de Meseguer en Zaragoza.

El dominio creciente anterior al gol, con oportunidades de Federico, por fin espabilado, Canós, Meseguer y Latasa, se transformó tras el empate en asedio. Chuki en dos ocasiones, Delgado y Ponceau casi marcan, con una banda derecha en la que Alejo, pese a su agotamiento, no se cansó de poner balones. Estos iban cerca de la portería o los atacantes locales llegaban tarde a rematarlos. Sí, la calidad se paga.

También pudo marcar el Mirandés en un final frenético y apasionante pese a la falta de calidad, con un fútbol vistoso de ida y vuelta. Eto’o vio cómo le anulaban un gol por fuera de juego, después Guilherme le sacó un mano a mano que hubiese firmado Bar, portero del Recoletas de balonmano, y Carlos Fernández, en el minuto 50, se fabricó una jugada que acabó con el cuero besando el larguero.

El empate dejó frío al Pucela por las ocasiones falladas en la segunda mitad pero al menos no fue el caos de la primera y los dos choques anteriores. Demostró al menos una virtud: tiene vergüenza competitiva. Es lo mínimo a exigir, pero al menos ya es algo. Ahora se trata de edificar sobre esto y dejar de una vez los vaivenes.

FICHA TÉCNICA

Real Valladolid: Guilherme; Alejo, Tomeo, Torres, Garri; Meseguer (Chuki, min. 67), Lachuer (Alani, min. 46); Federico, Canós (Delgado, min. 68), Biuk (Ponceau, min. 68); y Latasa (Arnu, min. 83).

Mirandés: Nikic; Novoa, Gutiérrez, Martín, Córdoba, Pablo Pérez (Medrano, min. 46); Barea, Bauza (Cardero, min. 83), Marino (Thiago, min. 66), El Jebari (Eto’o, min. 66); y Petit (Carlos Fernández, min. 66).

Árbitro: Lax Franco.

Tarjetas amarillas: Marino.

Tarjetas rojas: No hubo.

Goles: 0-1: Barea (min. 37). 1-1: Ponceau (min. 75).

Incidencias: Estadio José Zorrilla. 18.574 espectadores.

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