El Pucela maquilla el desastre
Los blanquivioleta evitan un nuevo ridículo gracias a los goles de Moro y Sylla tras una patética primera parte en la que regalaron el triunfo a Osasuna
El jueves ante el Betis puede llegar el descenso matemático

Areso pone el centro para el 0-2, obra de Rubén García, con Silva mirando y Ferreira saliendo tarde a tapar.
El Real Valladolid es un equipo que juega noventa minutos pero que es incapaz de competir durante tanto tiempo. No le da su calidad y a veces se diría que ni tiene ganas de hacerlo. En ocasiones directamente no compite. Otras lo hace al principio, algunas en el medio y en el resto, al final, como si el deporte profesional fuese cosa de tramos.
Ante Osasuna tocó activarse tras el descanso, después de regalar un patética primera parte en la que los blanquivioleta fueron zombis paseando sobre el césped con mitrada perdida y pasos cortos y lentos. Nada de lo que hicieron les identificaba como un equipo. Ni orden, ni presión, ni disputa de balón. Por no hablar de los intangibles que se presuponen en cualquier competidor de élite: alma y garra.
Los blanquivioleta se dedicaron a ver lo que hacía Osasuna con la pelota. Y los navarros, que tienen criterio para administrarla, les soltaron dos sopapos casi sin querer, como quien espanta un bicho del plato. Porque el transcurso habitual del balón, cuando el rival se está quieto, acaba en la portería.
El vergonzoso Real Valladolid de la primer mitad explicó por qué este equipo roza ya matemáticamente el descenso, a falta de seis jornadas. Restan 18 puntos por disputarse y Las Palmas, que marca la zona de salvación, está a 16. Si gana esta tarde el Alavés en Sevilla, la permanencia se alejará a los 17. El jueves el Betis recetará la estocada final, hasta la bola. Nunca en su historia el Real Valladolid habrá descendido con tanta antelación ni con un juego tan indigno y penoso.
Esa primera parte fue un insulto a los 12.230 espectadores que decidieron ir a Zorrilla. La mitad de los abonados. A eso ha llegado esta panda de perdedores. La afición se ha cansado del desastre quincenal y ya huye de Zorrilla. No sólo se explica por la Semana Santa. La afluencia al estadio es cada vez menor.
Esos 45 minutos iniciales de insulto al fútbol de los locales se saldaron con un 0-2 que se antojó corto, porque llegó sin esfuerzo visitante, en una mitad que durante demasiados minutos pareció un rondo con el Pucela de espectador.
Silva casi se mete en propia puerta un centro de Moncayola en el minuto 2. Siete después llegó el 0-1. Rubén García centró sin oposición, al estar el brasileño fuera de sitio y sin cobertura. Budimir remachó de cabeza a la red entrando solo al remate. Los centrales y mediocentros, mirando. Otra vez. La enésima. Un gol de infantiles, pero válido.
El Pucela se estiró pero fue de forma decorativa. Algo hay que hacer para quedar bien con la grada después del esperable rejonazo. El conjunto de Rubio no hizo nada con el balón. No lo quería ni lo buscaba. Casi siempre le llegaba a Machis, despreciando la banda de Moro, el único capaz de marcar diferencias de calidad, mentalidad y velocidad. Virtudes que no le impidieron ser suplente ante el Atlético, por decisión de Álvaro Rubio.
Latasa -titular tras el incidente con Luis Pérez y aplaudido por la grada, quizá por eso-, Chuki y Juric efectuaron sendos tiritos sin peligro en esta mitad en la que casi no se pisó área rival. No siguió sus pasos Rubén García, que repitió la acción de Budimir, esta vez con el pie, para entrar como cuchillo en mantequilla y fusilar el gol tras el preciso centro de Areso. Otra vez los albivioleta conceden un centro claro y de nuevo permiten la entrada en carrera de un rival desmarcado. Ni en alevines. Llegó el descanso y el Real Valladolid era un muerto. Más de lo que ya lo estaba antes del partido.
La segunda parte mostró su sonrisa por medio de Moro. No podía ser otro. El extremo aprovechó un mal despeje de un rival para irse de Boyomo por velocidad y marcar cruzado ante la salida de Herrera.
El tanto medio resucitó a los pucelanos, que comenzaron a combinar y morder en defensa. El juego se igualó. Hasta que Latasa cometió un tonto penalti sobre Catena. Un delantero entrando a un central.
Budimir marcó pero el Pucela siguió buscando otro gol. No era el de la primera mitad. Un pase en profundidad de Moro a Sylla acabó en penalti de Herrando, VAR mediante, pues se escrutó un fuera de juego que no existió. El propio Sylla marcó con suspense, tras pegar el balón en el palo.
El 2-3 abría de nuevo la posibilidad del empate, pero este Real Valladolid no da para más. Con media hora de juego fue incapaz de hacer cosquillas a Osasuna. Había cumplido. Para él, perder por la mínima es ganar.
FICHA TÉCNICA
Real Valladolid: Ferreira; Candela, Aidoo, Javi Sánchez, Silva (Aznou, min. 63); Juric; Moro, Chuki (Martín, min. 63), Grillitsch (Iván Sánchez, min. 46), Machis (Sylla, min. 46); y Latasa (Marcos André, min. 86).
Osasuna: Herrera; Areso (Rubén Peña, min. 86), Boyomo, Catena, Herrando, Bretones; Moncayola (Ibáñez, min. 6; Muñoz, min. 87), Torró, Aimar; Budimir y Rubén García (Moi Gómez, min. 73).
Árbitro: Gil Manzano.
Tarjetas amarillas: Javi Sánchez y Aimar.
Tarjetas rojas: No hubo.
Goles: 0-1: Budimir (min. 9). 0-2: Rubén García (min. 34). 1-2: Moro (min. 49). 1-3: Budimir (p.) (min. 60). 2-3: Sylla (p.) (min. 66).
Incidencias: Estadio José Zorrilla. 12.230 espectadores.

Chuki, pensativo tras uno de los goles de Osasuna.
Real Valladolid 2 Osasuna 3

Aznou se va por velocidad de Ibáñez en la banda zurda.
Real Valladolid 2 Osasuna 3

Herrando comete el penalti sobre Sylla que el blanquivioleta convertiría en gol.
Real Valladolid 2 Osasuna 3

Dos blanquivioleta junto a dos ex: Boyomo saluda a Moro y Marcos André abraza a Peña.
Real Valladolid 2 Osasuna 3

Aidoo intenta impedir que el balón llegue a Budimir.