Adiós, Primera, adiós
El Real Valladolid pierde en Valencia, se sitúa a once puntos de la salvación a falta de once jornadas y sus jugadores toman conciencia del inevitable descenso
Cenk, cedido por el Valencia, regaló el gol del triunfo local

Nikitscher, Chuki y Candela lamentan la derrota en Mestalla.
El Real Valladolid triunfó en Valencia. Antes de que comience a fibrilar, entienda que el concepto de triunfo es relativo. Para unos es arrasar. Para otros, simplemente ganar. Para unos cuantos es puntuar. Y para el Real Valladolid se trata de no salir goleado. Una derrota por la mínima es para una plantilla mala, conformista, imposible de modelar por tres entrenadores y huérfana de un mando organizado, todo un triunfo. Como si fuese un luchador cuyo objetivo antes de cada pelea es que no le salten la dentadura.
Se enfrentaban los dos últimos y el Pucela perdió por la mínima. El Alavés había ganado minutos antes al Villarreal, por lo que la permanencia está a once puntos, a falta de once partidos. Fue más fácil abrir el mar Rojo para Moisés que la salvación blanquivioleta con esta tropa.
Muchos ya veían al Real Valladolid en Segunda pero algunos se resistían a hacerlo. Los que más, los futbolistas de mayor profesionalidad del equipo. Pero ayer aterrizaron en la realidad. Las lágrimas de Moro tras el encuentro fueron la firma en agua del descenso. Y las caras resignadas de jugadores como Chuki o Anuar.
El dolor no es cuantificable en gestos. Ya lo sabían los griegos antiguos, cuando contrataban plañideras para sus entierros. Pero resultó extremadamente curioso ver a Cenk darse más abrazos que un político en elecciones, con sus ex compañeros, después de su cagada en el 2-1 que decidió el encuentro.
Si no se supiese que es tan malo que hizo algo parecido en Copa del Rey ante el Ourense, de Primera RFEF, sería como para pensar que era un caballo de Troya del Valencia. Billy Wilder dijo una vez que «los austriacos hemos convencido al mundo de que Beethoven era austriaco y Hitler alemán». Dejando muy aparte las similitudes bélicas, a la afición pucelana le han convencido de que Cenk es jugador del Real Valladolid y no del Valencia. Si lo llega a saber el club de Mestalla, no sólo hubiese aplicado la cláusula del miedo para que no jugase Cömert. Habría hecho obligatorio alinear a Cenk, que jugó por el golpe que Sadiq le dio a Torres y que le salió gratis al delantero.
La historia del partido fue el enfrentamiento ente dos equipos en crisis. El Pucela fue inferior por su menor calidad individual y su cada vez peor enhebrado juego colectivo, pero pudo puntuar. El problema es que no cree en lo que hace, ni el entrenador sabe con qué luchar. Álvaro Rubio dijo antes del choque había introducido cuatro cambios en la alineación para sacudir el árbol, pero lo que cayó de él fueron espadas de Damocles.
El 4-4-2 no funcionó, como tampoco lo hicieron antes otras formaciones. Y a estas alturas ya no se sabe si profundizar en una con los mismos jugadores o dar más vueltas a la ruleta a ver si sale el premio. A ese grado de descomposición ha llegado un equipo que en la primera parte pudo irse 5-1 al vestuario. Regaló el primer gol por una banda derecha ayer nefasta. Un flojo despeje de Javi Sánchez hizo que el balón rebotase en Grillitsch, llegando después a Diego López, que fusiló cruzado. 1-0 en el minuto 7. Sin novedad en el frente.
Los locales siguieron percutiendo ante un Pucela anegado que mostró las costuras de jugadores como Grillitsch, quien quedó en evidencia física al jugar con dos mediocentros.
Rioja, Barrenechea y Sadiq, éste en tres ocasiones, pudieron marcar. Sin embargo el gol llegó en el primer tiro albivioleta a puerta. Mamardashvili envió un pase flojo que interceptó Latasa para fusilarlo.
El empate, aunque inmerecido, abría otro escenario... que el Real Valladolid no supo leer ni en el campo ni en el banquillo. El Valencia entró mandón tras el descanso y un pase en profundidad de Barrenechea a Sadiq parecía controlado por Cenk, que se interpuso entre balón y rival. Parecía listo para despejar, pero siguió basculando hacia el infinito y más allá, dejando el balón franco al nigeriano, que fusiló a Hein. Fue una jugada tan burda que parecía demasiado evidente como para despertar sospechas.
No hubo reacción castellana. Hasta el final pareció más cerca el 3-1, que casi llega con un cabezazo de Tárrega a la cruceta. Rubio hizo tres cambios simultáneos que acabaron por desnortar a un equipo sin brújula. Ni ahora, ni en toda la temporada. Camina hacia la nada y su flecha oxidada sólo señala la Segunda.
FICHA TÉCNICA
Valencia: Mamardashvili; Foulquier, Mosquera, Tárrega, Gayà; Barrenechea (Diakhaby, min.92), Guerra (Pepelu, min. 70); Rioja (Canós, min. 81), Almeida (Iván Jaime, min. 74) Diego López (Fran Pérez, min. 71); y Sadiq.
Real Valladolid: Hein; Luis Pérez, Javi Sánchez, Torres (Cenk, min. 25), Aznou (Anuar, min. 71); Iván Sánchez (Machis, min. 71), Niktscher, Grillitsch (Chuki, min. 55), Moro; Marcos André (Amallah, min. 65) y Latasa (Sylla, min. 71).
Árbitro: Pulido Santana.
Tarjetas amarillas: Grillitsch, Latasa, Gayà y Javi Sánchez.
Tarjetas rojas: No hubo.
Goles: 1-0: Diego López (min. 7). 1-1: Latasa (min. 40). 2-1: Sadiq (min. 58).