BALONCESTO / SEGUNDA FEB

Íñigo Royo: «El ascenso entre ceja y ceja»

El recién fichado Íñigo Royo tiene claro que el objetivo del CBCV debe ser la Primera FEB: «Hay una plantilla muy competitiva para luchar por todo»

Íñigo Royo en uno de sus partidos con el CBC Valladolid.EM

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Hay objetivos que se dicen y objetivos que se asumen. El del UEMC Baloncesto Valladolid pertenece, desde el primer día de la temporada, a la segunda categoría. No hace falta esconderlo detrás de eufemismos ni mirar demasiado lejos en el calendario: el ascenso está sobre la mesa y, como reconoció este miércoles Íñigo Royo durante su presentación, también está «entre ceja y ceja» de un vestuario que sabe cuál es el camino que quiere recorrer. Después tocará que la pista dicte sentencia y que en mayo lleguen las notas finales, pero la ambición ya está escrita.

Royo no rehuyó la pregunta ni rebajó el listón. «Está claro que es una liga muy complicada, cualquiera puede ganar a cualquiera y no te puedes relajar en ningún momento», apuntó el ala-pívot, antes de dejar clara la aspiración del conjunto vallisoletano: «Hay una plantilla muy competitiva para luchar por todo». Y, sobre todo, una idea que ya ha sido repetida por David Barrio y que empieza a formar parte del discurso colectivo: «El objetivo del ascenso está entre ceja y ceja».

El jugador fue incluso un paso más allá al considerar que el equipo dispone de argumentos suficientes para perseguir ese objetivo. «Creo que el club, los jugadores y el cuerpo técnico estamos de acuerdo en que hay plantilla de sobra para conseguirlo», señaló. Una declaración de intenciones que, como siempre en estas fechas, tendrá que pasar el examen de una competición larga, exigente y con poco margen para el despiste. Las palabras sirven para marcar el rumbo; los resultados serán los que determinen hasta dónde puede llegar el viaje.

En ese contexto, Royo se mostró sorprendido por la evolución que ha encontrado a su regreso a Valladolid. Pese a competir ahora en Segunda FEB, considera que el club ha dado pasos adelante en profesionalización y estructura. «Me ha sorprendido que estando en Segunda FEB el club siga progresando, cada día más profesional», explicó. Una evolución que, a su juicio, evidencia la intención de hacer las cosas bien y de recuperar cuanto antes el sitio perdido en la categoría superior.

También ha cambiado el propio Royo desde su anterior etapa en la ciudad. El paso por otros equipos y otras experiencias le han permitido, según explicó, ganar madurez y conocimiento del juego. «Creo que sí que he cambiado, he progresado a nivel de madurez y también he cogido experiencia para aportar eso al equipo», afirmó.

Su carta de presentación es la de un jugador «muy consolidado en la categoría», capaz de moverse entre el cuatro y el cinco y dispuesto a asumir aquello que David Barrio le reclame. «Estoy preparado para lo que necesite David y no tengo ningún problema en cambiar de posición», aseguró. Polivalencia y experiencia para una plantilla que pretende tener respuestas ante los distintos escenarios que pueda plantear la competición.

Royo llega además con una historia reciente de superación a sus espaldas. La lesión de hombro que sufrió en su anterior etapa la calificó como «larga y dura», aunque el recuerdo queda ahora en segundo plano. El apoyo de su familia resultó fundamental durante la recuperación y, una vez regresó a las pistas, la lesión dejó de molestarle. «Fue largo, pero mereció la pena al menos para estar bien después», recordó.

Y en ese camino hacia el objetivo, el juego interior aparece como uno de los argumentos del equipo. Royo considera imprescindible contar con una pintura sólida, capaz de rebotear, competir físicamente y hacerse fuerte cerca del aro. «Es algo en común que tienen los equipos que ascienden, que normalmente suelen tener grandes que juegan duro y son dominantes», explicó.

Ahí, el vallisoletano ve también motivos para el optimismo. Puso en valor a Kevin Schutte, que ya sabe lo que es formar parte de un equipo ascendido, su propia capacidad para jugar tanto abierto como cerca del aro, la dureza de Moha y el talento de Alejandro Rivas. Un abanico de recursos con el que el UEMC pretende plantar cara a las mejores parejas interiores de la competición.

Porque los rivales también tendrán argumentos. Royo puso como ejemplo a Melilla y su potencial en la pintura, aunque no ve motivos para mirar por encima del hombro a ningún adversario. «Yo creo que no tenemos nada que envidiarles y vamos a por todas», concluyó.

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Ahora queda lo más difícil: demostrarlo. El ascenso ya está en el discurso, también en las expectativas y en la cabeza de un vestuario que no quiere esconder sus cartas. Pero entre decirlo y conseguirlo hay toda una temporada. El UEMC Baloncesto Valladolid ya ha marcado la dirección. En mayo tocará comprobar hasta dónde le ha llevado el camino.