Diario de Valladolid

BALONCESTO / LEB-ORO

El Real Valladolid Baloncesto entra en pánico el Día de Halloween

El equipo blanquivioleta vuelve a naufragar en defensa encajando otros 90 puntos, es ridiculizado en Burgos y encadena su tercera derrota en cinco partidos / Paupérrima imagen en un equipo sin deseo construido sobre el tapete para ascender

Kasibabu intenta taponar un lanzamiento de Royo. / S. OTERO

Kasibabu intenta taponar un lanzamiento de Royo. / S. OTERO

Publicado por
Guillermo Velasco
Valladolid

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GUILLERMO VELASCO 

VALLADOLID

El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo.  Y es que el UEMC Real Valladolid en el Día de Halloween da miedo por su debilidad mental, por su nula aplicación y... predisposición  defensiva, y  en esta ocasión también por su escasa puntería.

EL MUNDO

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Tercera derrota en cinco partidos que lleva al equipo blanquivioleta de forma obligada y sin ninguna excusa posible al rincón de pensar. San Pablo Burgos también fue capaz de sacarle los colores y dejarle en evidencia en un derbi de guante blanco para los locales, que nunca hubieran imaginado un duelo tan plácido.

En esta ocasión el rival no tuvo porcentajes de récord como los tuvo el último verdugo vallisoletano, Coruña, pero también fue capaz de superar los 90 puntos. Y en el baloncesto moderno, excluyendo la NBA, encajar 90 puntos es sinónimo de derrota. Así de claro, así de simple.

Ni truco ni trato. No hubo medicina para el miedo tampoco desde un banquillo que acabó confundido, derrotado y mudo.  San Pablo se comió (literalmente) a un UEMC Real Valladolid incapaz y en estado catatónico durante muchos, demasiados minutos. Apenas hubo partido, apenas hubo batalla. Quizás solo el primer cuarto, igualado (29-25), pero con el peaje de encajar casi 30 puntos, todo un gesto visionario de lo que después iba a suceder. Y es que sin defensa no hay ni habría paraíso, Todo un mensaje para navegantes dentro y fuera del campo.

Fue en el segundo acto, con el apagón ofensivo blanquivioleta (7 pírricos puntos en todo el cuarto) y su único farol (Torres) aparcado en el banquillo, cuando el partido se rompió de cuajo en favor de un disciplinado San Pablo, que también sabe a lo que juega (y van...)  y que se marchó al descanso con un comodísimo colchón de 15 puntos (47-32).

La pregunta era obligada . ¿Habría reacción tras la filípica del entrenador en los vestuarios? No. Al contrario. El pánico se adueñó de un equipo totalmente desgobernado en la cancha, sin un líder)  y... a pie de cancha, donde el ofuscamiento de Paco García le llevó a pulsar el botón de desconexión y apagado para acabar el partido con las manos en los bolsillos y la mirada perdida.

La incomprensible condescendencia o pleitesía del Real Valladolid atrás, sin alma, sin capacidad de reacción y sobre todo sin casi deseo (apenas dos detalles de orgullo aportados por De la Fuente y un Nwogbo desaprovechado en ataque y que acaba desquiciándose en defensa), convirtió el partido en una fiesta a cargo de un San Pablo que acabó incluso gustándose, regalando minutos y jugando de cara a la galería.

Lo peor no fue la derrota, desde un punto de vista analítico posible y más fuera de casa, sino cómo se produjo. El Real Valladolid fue una caricatura de ese equipo que la pasada campaña ilusionó sobre todo en su cancha y que en muy pocas ocasiones, como visitante, fue barrido de la cancha como ocurrió en un Coliseum de Burgos que se frotaba los ojos y no daba crédito de la exhibición de su equipo o de la increíble bajada de manos de más de un componente de la plantilla de su archirrival autonómico.

 

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