Diario de Valladolid

FÚTBOL / REAL VALLADOLID

Victoria del Real Valladolid en un final de locura

Los blanquivioleta firman ante el Mirandés su quinta victoria consecutiva con dos remontadas / Cuatro goles desde el minuto 83 con el definitivo, de Escudero, en el 99

Escudero celebra el gol definitivo.

Escudero celebra el gol definitivo.

Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Ya conoce usted la teoría del bote de kétchup. El de cristal de toda la vida, no el cutre de plástico del que siempre brota un hilillo. Uno puede darle a aquél azotitos constantes en la base sin que salga nada y, de repente, con uno que incluso puede ser de los más leves, medio bote se desparrama por el plato. Mucho más de lo esperado.

Algo así le ocurrió al Real Valladolid contra el Mirandés. Los blanquivioleta cercaron al vecino en la primera parte. Lo sometieron, bien es cierto que también por voluntad rojinegra. Los de Pezzolano tiraron a puerta más que nunca, pero no hubo acierto. Cuando afinaron la puntería, allí estaba Ramón para evitar el gol.  

 

En la segunda parte el juego decayó, aun dentro del incontestable dominio local. Su fútbol fue más melancólico incluso después del gol sorpresa del Mirandés, obra de Durdov. Y cuando el 0-1 parecía pegarse a la hoja de resultados, el kétchup surgió a borbotones. Desde el minuto 83 hubo cuatro goles. Sylla empató en ese minuto y en el 88 elevó  la grada al delirio al marcar el 2-1. Pero la alegría se escapó de entre los dedos, como si fuese de arena. Un fallo defensivo permitió que Gabri empatase a dos en el minuto 91. 

  • Al Pucela, tantas veces empequeñecido ante el más mínimo revés, sólo le quedaba la heroica... y la compuso, como Beethoven con su tercera sinfonía. Corría como un guepardo el minuto 99 cuando Escudero agarró un disparo tan duro y seco que pareció un trago de bourbon. El cuero se coló a media altura y el paroxismo apareció en una afición que ya se está acostumbrando a tener buena suerte, con el tercer partido ganado por su equipo en los últimos minutos. La bola de la ruleta se h acostumbrado a vivir en la casilla albivioleta.

El 3-2 catapulta al Pucela a zona de promoción, con pleno de 15 puntos en cinco partidos. Es sexto y está a un paso del liderato. Hay motivos para el optimismo, acrecentados por la certeza de que es un equipo que nunca se entrega.

Sin embargo hay que ver lo que ocurrió hasta que el kétchup inundó el plato. Pezzolano dispuso un 5-2-1-2 con  Luis Pérez y Escudero (éste adelantado) de laterales, Juric y Monchu de mediocentros , Kenedy jugando con libertad en la zona de ataque, y Sylla y Marcos André como delanteros.

El Pucela jugaba, elaboraba, pero era demasiado lento y previsible, sin desmarques de ruptura arriba ni llegadas de los medios o aperturas de campo de los laterales para crear problemas a un ordenadísimo Mirandés.

Aun así  los locales pudieron  (y debieron) marcar. Ramón sacó dos balones de gol a Sylla, uno a Escudero y otro a Kenedy, cuyo trabajo estajanovista fue remarcable, en un mano a mano. El senegalés ejecutó otro disparo pegado al poste y el brasileño abrió el fuego del partido con otro tiro alto. El Mirandés no inquietó en esta mitad más que con un  cabezazo claro de Durdov, que envió el balón fuera.

El Pucela entró entre confiado y somnoliento tras el descanso. Escudero vio por tres veces cómo vulneraban la solidez de su banda y en la última el centro de Martín fue aprovechado por el croata para marcar a bocajarro, aprovechando el fallo en  cadena de Escudero, Torres, John y Boyomo.

Era el minuto 51 y tras dos tímidas llegadas de Kenedy y Sylla, el partido cayó en la abulia de un domino estéril sin reacción en el banquillo. El panorama cambió cuando por fin  salió Iván Sánchez, vital, y el equipo se estiró con defensa de cuatro.

El Pucela se evaporaba en la zona de tres cuartos... hasta que el kétchup fue un tsunami. Un centro de Luis Pérez fue peinado por Marcos André para que Sylla marcarse de tiro raso y cruzado. El senegalés repitió de cabeza tras un  centro de Iván en el que sentó a su defensor. Después llegó el 2-2 con un balón mal peinado por Torres. Con Boyomo desatento, Gabri marcó el empate que parecía definitivo. Pero Sylla asistió en la última acción a Escudero para que descerrajase el obús del 3-2. No hubo tiempo ni para tapar el bote de kétchup.

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