Entre el miedo y el VAR
Los blanquivioleta se encogen tras un gran cuarto de hora inicial en el que se adelantaron por medio de Keko / Oyarzabal empató en pleno desconcierto defensivo y Alberola impidió la victoria local con un gol mal anulado a Olivas
Jugada clave del partido: Plano y Guardiola festejan el gol a la postre anulado, mientras Zubeldia y Oyarzabal levantan la mano con escasa convicción.-J. M. LOSTAU
La hora de la verdad, no la de verano, es la que se estableció el fin de semana en la Liga. Ya no hay vuelta atrás. Los errores cuestan supervivencias y las piernas pesan, pero no tanto como la cabeza. El sicólogo es una pieza de igual importancia a estas alturas que el entrenador o el preparador físico. No sólo hay que luchar contra los rivales sino también contra los miedos.
Miedo. El que tuvo el Real Valladolid de perder una ventaja y luego un empate que pudo írsele a la basura en el último instante en un 4 contra 1 de la Real, por cortocircuitos entre líneas. Hubiese sido injusto, pues en ningún momento fue inferior a los vascos.
Miedo. El que atenazó a los pucelanos tras firmar un cuarto de hora inicial propio de sus mejores tiempos y que le sirvió para adelantarse en el marcador, brindando un juego presionante, vertical, solidario y vistoso.
Miedo. También lo hay por causas ajenas. El que infunde la tecnología mal empleada, como esos robots que matan humanos, incumpliendo la primera ley de Asimov. El VAR, tras la experiencia positiva (que no favorable) de Éibar volvió a hacer de las suyas, anulando un gol legal a Olivas. Claro que a este engendro lo manejan humanos y la decisión final fue de Alberola Rojas, el árbitro que se inventó el penalti en Copa del Getafe en el mismo escenario. Zorrilla le pone.
Miedo. El empate final no lo ha aventado. Una victoria podía haber puesto la permanencia de cara. Una derrota habría sido una patada en las partes pudendas, y más según transcurrió el partido. La igualada prolonga un suspense que puede acompañar al equipo hasta la última estación de la Liga. En su forma de asumir el miedo, de domeñarlo, tanto si es a ganar como a perder, estará la clave de la salvación. Todos se asustan ante el abismo, pero unos saben caminar por su filo y otros caen.
El comienzo del encuentro no hacía presagiar su nudo ni mucho menos su desenlace. La euforia de Éibar se respiraba en el ambiente. Sergio sólo introdujo un cambio respecto al once de Ipurúa: Verde entró por Míchel. El italiano se ubicó por detrás de Guardiola, haciendo pareja Anuar con Alcaraz.
El fútbol brotaba de las botas blanquivioleta y un centro de Nacho en el minuto 8, mal despejado por Theo, dejó el balón muerto a los pies de Keko. Un tiro seco y cruzado del extremo se fue a la red. El madrileño ya había avisado en el primer minuto. Se plantó ante Rulli, lo regateó, pero Zubeldia se cruzó en pleno disparo, despejando un gol seguro.
La dictadura local se prolongó hasta el cuarto de hora. Después comenzaron las dudas y el miedo a perder el botín. El medio campo dejó de distribuir y el equipo comenzó a acularse, más por decisión propia, aunque inconsciente, que por empuje de una Real que acusó las bajas, sobre todo la de Illarra. Los vascos tenían el balón pero no creaban peligro.
La segunda parte comenzó de nuevo con un Real Valladolid enchufado. Sergio se apercibió de la prescindibilidad de Verde en ese escenario y sacó a Míchel para tener más la bola, adelantado a Anuar. Éste tuvo el 2-0 en un tiro a bocajarro, pero Rulli sacó una mano mágica y despejó.
De nuevo hubo apagón tras 15 minutos, con el problema añadido de que el equipo cerraba peor. El recién egresado Juanmi dispuso de tres ocasiones antes del empate. Oyarzabal se adelantó a la marca de Moyano y peinó cruzado a gol un centro de Sangalli. Era el minuto 34 y tocaba correr.
Y el Pucela corrió. Asumió riesgos y se tiró arriba, provocando espacios que eran también creados por una Real que aceptaba el intercambio de golpes. Así llegó el no gol. Minuto 84: saque de córner, Guardiola toca de cabeza, Zubeldia despeja y el balón da en Olivas y se mete en la portería. Alberola lo concede, los blanquiazul apenas se quejan pero desde el politburó de Las Rozas mandan al colegiado a la tele de Zorrilla a ver la jugada. ¿Causa? Posible fuera de juego de Plano, que evita con su cuerpo el despeje de Oyarzabal.
La realidad es que el extremo no hubiese llegado al balón ni con traje de Spiderman, pero a Alberola le dio igual. Fue a la tele y el Pucela perdió dos puntos, igual que se quedó sin Copa gracias a él.
Pudo ser peor. Una pérdida tonta, aunque con falta anterior a Alcaraz, provocó ese 4 contra 1 que entre Bautista y Juanmi mandaron al limbo. Un punto más para un Pucela vivo. Pese a sus miedos.