A RAS DE HIERBA
Uno ganó y el otro fue mejor
Al Real Valladolid se le puso cara de John Wayne cuando mata a Lee Marvin y deja que le atribuyan el mérito a James Ste- wart, sabiendo que con él se irá la chica a la que quiere Wayne, y que podría ser suya si deja que Marvin lo mate. Sí, le he destripado ‘El hombre que mató a Liberty Valance’, pero si a estas alturas no ha visto la película, mejor deje de seguir leyendo.
La chica es la victoria, la bala es el fútbol, Wayne es el Pucela, y Stewart, el Madrid. Al final el bueno de Jimmy llega a ser senador. Quizá el Real Madrid gane la Liga u otra Champions, con un resurgimiento que comenzó a edificar ayer. Pero con la pistola, es decir, con el fútbol, es una nulidad. Necesitó de esa bala en forma de autogol para ganar un partido que no mereció llevarse ni en tres reencarnaciones consecutivas.
Cualquiera que abra el periódico o la página de internet y vea el 2-0 de Chamartín pensará que fue otro día más en la oficina de los blancos. De esos de faena de aliño y que pase el siguiente.
Y una mierda. El fútbol lo puso el Real Valladolid. Y el orden táctico, y las jugadas más peligrosas, con dos balones que el traidor larguero escupió para suerte del Stewart blanco. Los de Solari únicamente inquietaron en el tembloroso comienzo de los blanquivioleta, quizá epatados por el escenario, y en unos minutos de la segunda parte en los que el Pucela pasó por serios problemas para sacar el balón jugado. Pero a fútbol, y con las diferencias de calidad individual y masa salarial de ambas plantillas, el Madrid cayó por goleada.
La suerte, a menudo trampantojo de carencias propias y justificación de incapaces, sí fue ayer una perra traidora con los de Sergio. Un tiro como el de Vinícius que iba a portería, pero a la del Wanda, se envenena tras impactar el balón con el costado de Olivas y entró a gol. De un tiro que iba fuera de banda a algún titular que seguramente veamos hoy del tipo: ‘Vinícius abre el camino’. Me conozco el percal. Y el brasileño encima se pone a hacer reverencias para celebrarlo. Como su fuese suyo. Muy espabilado no parece.
El baño táctico de Sergio a Solari fue fastuoso. Desde el repliegue atrás hasta la salida de balón, prácticamente siempre jugado, aun a costa del riesgo de perderlo en zonas comprometidas. El entramado defensivo pucelano ahogó a un Real Madrid en el que casi nadie estaba en su sitio y los abocó a la jugada individual o a las asociación por parejas, síntoma de equipo mal trabajado.
El ataque se enhebró cambiando el juego interior y el exterior, para abrir y desubicar unas líneas defensivas con muchos problemas si el rival supera su primera línea de presión. Tardó el Real Valladolid en ver puerta, pero cuando lo hizo fue con el martillo y no con matasuegras. Antoñito tuvo la desgracia de que el balón le cayó en la pierna mala, en su mano a mano con Courtois. Y Ünal mostró de nuevo tanto trabajo como carencias de cara al gol. Ese control de espuela para encarar al portero sobra con 0-0 en el Bernabéu.
Qué sería de este equipo con un delantero centro realizador. Y con jugadores de un escalón económico superior en ciertos puestos, en los que el equipo va justo. No es una crítica a sus actuales habitantes, sino todo lo contrario. Están casi al cien por cien de sus posibilidades.
La pena es que Sergio, a este paso, puede ser la próxima temporada historia en el Real Valladolid y nos habremos quedado con las ganas de verlo con una plantilla más competitiva. Igual lo haría peor o igual la metería en Europa. Chi lo sa.
Lo que sí sabemos es que cuando hay cambios de propietario en los clubes, suele haber movimiento económico para mejorar plantillas. Y por ahora Ronaldo ha puesto sonrisas, pero ni un euro. Él y quienes están detrás deben rascarse el bolsillo. Porque a Sergio no se le puede pedir más.