Diario de Valladolid
Publicado por
Redacción de Valladolid
Valladolid

Creado:

Actualizado:

Masada, El Álamo, Numancia o el sitio de Baler, el de los últimos de Filipinas, son balnearios al lado de lo sufrido por el Real Valladolid en la segunda mitad. Un asedio bestial ante un equipo que llevó la estrategia del repliegue a su máxima expresión para defender el 1-0, logrado en su único disparo con peligro. Algunos lo llamarán catenaccio. Otros, máxima optimización de recursos.

Lamento ser recurrente, pero no puedo efectuar el mismo análisis en Primera que en Segunda, cuando el equipo no ha sufrido una transformación radical y es el más pobre de la categoría. Meterse atrás después de marcar en Reus, por ejemplo, puede ser criticable. Hacerlo ante un Betis que el jueves no visita al Escalerillas, sino a un tal Milan en la Liga Europa, es comprensible.

Sobre todo si defiende tan bien como el Real Valladolid. Jugó un poco a la ruleta rusa y pudo empatar o perder, pero ganó. Porque domina la táctica defensiva, con un orden, una claridad de conceptos y una solidaridad muy difíciles de ver en cualquier equipo profesional. Y porque el Betis tiene aún más problemas que los pucelanos para marcar gol. Con eso también se juega. Y que nadie me hable de las bajas de Joaquín, Guardado o Tello en los locales. Plano, Cop o Keko no se quedaron en casa precisamente por ser malos.

Pocas veces habrá corrido más el Pucela que ayer. El fútbol no es atletismo, pero las carencias técnicas se suplen a veces con velocidad y ritmo. La ayer muy limitada producción ofensiva de un equipo sin dinero para gastar en jugadores con gol, se vio paliada por un brutal desgaste físico en la defensa y el robo de balón.

O sea, Ünal. Casi invisible arriba, es para llevarle a casa en brazos después de dejarse el alma en la luchar de cada balón, tanto cuando no tenía a quién pasarlo como para robarlo. Lo mismo cabe decir de unos laterales presentes en defensa, ataque y con ayudas al centro. Nacho y Moyano han demostrado valer para Primera. Sin olvidar a un Alcaraz omnipresente, a dos centrales invulnerables por alto (ya es hora de hablar de Olivas, cuyo gran trabajo queda demasiado oculto por la enorme sombra de Calero), a un Toni que perdía el balón... para robarlo a los dos segundos y, en definitiva, a un equipo conocedor de que el éxito, para él, pasa obligatoriamente por el sufrimiento y no por la genialidad.

Lo que queda ahora es un Pucela con cuatro triunfos seguidos y sexto, en posición europea, por delante de un tal Real Madrid que, creo, le supera en presupuesto.

tracking