Punto de casta
El Valladolid empata 3-3 en Balaídos en un segundo tiempo antológico / Reacciona tras un lamentable inicio de partido que le cuesta dos goles y encierra al Celta en su área hasta lograr el pitido final
Óscar Plano se cuela entre los centrales del Celta para marcar el 2-1 con este certero cabezazo, ayer en Balaídos.-PHOTO-DEPORTE
El Valladolid dio un recital en Balaídos -para lo bueno y lo malo- y el Celta acabó pidiendo la hora. El definitivo 3-3 llegó en el minuto 94 y al Valladolid le sobró tiempo para recuperar el balón y crear una nueva ocasión de gol que no se concretó porque el pase de Míchel desde la línea de fondo no encontró rematador. El segundo tiempo del Valladolid fue sencillamente antológico. Buscó el balón, lo recuperó de inmediato gracias a la buena colocación de los jugadores y a la presión ejercida y logró encerrar al Celta en su área.
Es un punto de casta, de coraje, de fe. El Valladolid nunca se arrugó. Ahí estuvo la clave de su reacción en la primera y en la segunda mitad porque en ambas le tocó levantarse tras recibir hasta tres sopapos. Este Valladolid que perdió de forma ingenua el partido contra el Alavés el pasado domingo tiene arrestos para tutear a cualquier rival. En este equipo nadie se rinde. Y hay algo mucho más importante, en este Valladolid no hay titulares ni suplentes. Sergio González afrontó el partido con una pequeña revolución en el once titular y cada uno de los 14 futbolistas que pisaron el césped de Balaídos cumplió la tarea que le fue encomendada.
El 2-0 en el minuto 8 no invitaba precisamente al optimismo. El Celta quiso liquidar el partido muy pronto y daba la sensación de que el Valladolid seguía haciendo los ejercicios de calentamiento. Entre Aspas y Maxi Gómez le hicieron un descosido a la rocosa defensa que ayer parecía de mantequilla en los primeros compases. Aspas marcó el primer gol, centró en el segundo y pudo volver a a batir a Masip con un cabezazo que salió por encima del larguero.
El Valladolid no bajó los brazos pese a este descalabro inicial y poco a poco se fue adueñando del centro del campo. Alcaraz tomó la batuta, Míchel dio dos pasos adelante y Óscar Plano comenzó a poner en apuros a la insegura zaga local. El Valladolid reaccionó a su lamentable inicio y también a las sorprendentes decisiones del árbitro, que daba muestras de querer barrer para casa. El colmo fue pasar por alto un penalti de Okay a Kiko Olivas en el minuto 24.
La pelea era desigual en este sentido -el Valladolid también protestó el gol de Maxi López al entender que se apoyó en su brazo para bajar el balón- pero los hombres de Sergio se pusieron el mono de trabajo y no se lo quitaron hasta el pitido final. Alcaraz avisó con un remate al poste y Óscar Plano marcó el 2-1 en el minuto 39. Los seguidores locales disfrutaban de una tarde agradable y un sol radiante pero el chaparrón inicial del Celta dio paso al tornado futbolístico que protagonizó el Valladolid. En el primer tiempo enseñó los dientes y en el segundo cosió a mordiscos al Celta. El 3-3 fue injusto porque los de Sergio merecieron más.
El Valladolid se fue con decisión al ataque nada más comenzar el segundo tiempo y enseguida tuvo que pisar a fondo el acelerador porque Aspas aprovechó otro despiste para establecer el 3-1. De nuevo, el Celta tomaba una clara ventaja que parecía insalvable aunque el discurrir del partido mostró lo contrario. El Valladolid mandó de nuevo en la zona ancha con Alcaraz y Míchel al frente de los mandos y Nacho se convirtió en un extremo letal que acabó siendo determinante. De su bota salió un centro envenenado que Ünal convirtió en el 3-2. El autor del gol -que formó pareja atacante con Cop al reemplazar a Borja- y Toni, que susttituyó a Keko en el minuto 52, le dieron más poder atacante al Valladolid mientras el Celta sufría para mantener la posesión del balón. Los locales cambiaron su mentalidad y sólo pensaron en defender la mínima renta. Pudieron volver a marcar en un remate de Brais que desvió Masip pero el balón pasó a ser dominado por el Valladolid hasta el final.
Se vieron caras de preocupación entre la hinchada local tras un zapatazo de Míchel al larguero en el minuto 85 y el debutante Leo Suárez dejó mudos a todos al culminar el enésimo ataque del Valladolid cuando se habían jugado cuatro de los cinco minutos añadidos.