Diario de Valladolid
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Redacción de Valladolid
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Minuto 35. El Molinón. 0-2. 5-1 en el global de la eliminatoria a favor del Real Valladolid. Plano envía un pase en profundidad a Mata, que podía plantarse solo ante Mariño. El primero se equivoca y le manda el balón por dentro, cortando un defensa. El segundo se enfada porque el cuero no fue por fuera, lejos del alcance del zaguero. En ese momento me dieron ganas de tirarlo todo, levantarme y aplaudir hasta que me ardiesen la manos.

Ese espíritu es el que ha empujado al conjunto pucelano hasta la final de la promoción. En los diez partidos que lleva Sergio al frente, nunca le ha parecido que ganaba por la suficiente diferencia. Nunca ha especulado con el marcador. Nunca se ha rendido. Nunca ha confiado en los resultados de terceros. Nunca le ha parecido que las cosas ya no se podían hacer mejor.

Y aquí está el resultado. Un Real Valladolid que va como una moto, que cree a pie juntillas en lo que hace y que sabe que se encuentra en pleno proceso de crecimiento, como dije tras el partido de ida. Cada versión blanquivioleta mejora la anterior. ¿Existe algo más esperanzador?

El desembarco de Sergio González en Pucela revienta algunos de los tópicos del fútbol. El primero, que hace falta tiempo para que se vea la mano de un entrenador en un equipo. Es cierto que para que asimile todo su corpus técnico deben pasar semanas, pero no para que se vean sus líneas maestras de actuación, ni su personalidad sobre el campo, ni para que la obligada labor psicológica que necesitaba este equipo haya surtido efecto. Escuchar al futbolista hace milagros. Y hablar con él, ya es la releche. Aunque para algunos sea imposible.

El segundo tópico que se va por el desagüe, consecuencia del anterior, es el de la plantilla limitada. En todo caso, quien sería limitado es el anterior entrenador, que no supo mantener el buen nivel del inicio, enrocado en una concepción de fútbol en la que no creía nadie más que él y echando a perder un grupo cuya calidad se ha visto en estos dos meses justos con su sucesor.

Hervías ya no parece jugar para sí mismo. Ni Plano entrar en juego en contadas ocasiones. Ni Toni un futbolista por hacer. Ni Borja demasiado lento. Ni Míchel y Nacho desechos de tienta. ¿Seguimos? Olivas y sobre todo Calero han dotado de enorme consistencia a la defensa. ¿Se acuerda ahora alguien, como algunos han repetido machaconamente toda la temporada, de Álex Pérez? Buena persona y correcto central, pero el mismo que dio ayer un metro para que Mata inventase el 0-1.

Un buen entrenador hace milagros. Incluido el que un grupo de buenos jugadores lo parezcan, labor que los últimos que han pasado por Zorrilla han tratado de ocultar, como si fuese el tercer secreto de Fátima.

Toca el Numancia. El triunfalismo debe guardarse en el bolsillo, si bien estoy seguro de que donde menos lucirá es en el vestuario pucelano. Un lugar donde no existen ni el miedo ni el desprecio al rival, logrando el punto exacto para ser competitivos. Una palabra que parecía desterrada de Zorrilla y que ahora brilla como si estuviese en el electrónico. El Real Valladolid cuenta con la única ventaja de que, con idéntico marcador, sube. Lo demás, incluido el factor campo, apenas cuenta. Y el Pucela lo sabe.

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