Real Valladolid-Almería (Análisis)
Por fortuna Mata mata
El Pichichi de Segunda concede otra vida extra a Luis César, que corrige tras el descanso su nefasto planteamiento inicial
Morcillo intenta frenar el avance de Mata.-J. M. LOSTAU
Llegado al descanso, con 0-1 en el marcador el partido parecía ser la enésima reposición del ‘Día de la marmota’ donde la marmota Phil vaticina un fútbol plano, sin elaboración, sin desmarques, sin rupturas, sin diagonales, sin cinco pases seguidos. Ese fue el Real Valladolid de la primera mitad, condicionado o no por el tempranero gol del ex blanquivioleta Sulayman (curioso que en Almería sí valga y aquí, no), que no hizo si no cuestionar aún más la capacidad de lectura y autoridad del crucificado y sentenciado Luis César Sampedro. Un entrenador al que no le queda más remedio que sobrellevar su papel de ‘pelele’ (muñeco de trapo) hasta que el presidente encuentre otro técnico que le sustituya.
El Real Valladolid de la primera mitad fue un equipo patético que no solo no supo encontrar el camino para desbordar la línea de cinco defensiva del Almería sino que ni siquiera presionó. El 0-1 pareció dejar anestesiado al equipo y a un público que solo despertó en contadas ocasiones para silbar a los suyos. Y es que no era para menos cuando la única solución para llegar arriba pasaba por el patadón de Masip. Hasta en cinco ocasiones el portero colgó y rifó balones desde su portería ante la ausencia de alguien que se ofreciera para sacar el balón jugado.
Con las líneas separadas por un mundo en un claro síntoma del mal trabajo en los entrenamientos (esto sin entrar a valorar la defensa de las jugadas a balón parado como los córners) el Valladolid deambuló sobre el césped de Zorrilla esperando una genialidad de su goleador Mata. Mientras el Almería, un equipo ramplón, tuvo oportunidades para sentenciar.
El descanso sirvió al menos para que Luis César modificara el desaguisado con los cambios. Por fin el entrenador hizo un movimiento de ajedrez a tiempo dando entrada a Oscar Plano y a Michel. El Valladolid cambió y al menos buscó el partido despertando de la anestesia ante un rival al que comenzó a hacérsele largo, muy largo el encuentro.
A golpe de espasmos, con el Valladolid desesperado al no tener un plan concreto, llegó el empate obra del recién incorporado Óscar Plano. El partido cambiaba de manos aunque Luis César tiraba de manual con su ley de cambios prefijados y mandando a la caseta a Ontiveros por Toni Martínez. Todo era una cuestión de tiempo, de espera, de que... apareciera Mata. Y... afortunadamente Mata, mató. Primero avisó con un mano a mano fallido sobre René. Después con un cabezazo ‘made in Mata’ que ponía el tan necesario 2-1 que le puede conceder, quien sabe viendo como maneja el asunto el presidente Carlos Suárez, otra vida extra a un Luis César Sampedro convertido más que nunca en un gato.