Publicado por
Guillermo Velasco
Valladolid

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Cuando las cosas no quieren conformarse con nosotros, nosotros debemos conformarnos con ellas. Ese es el pensamiento de un Ciudad de Valladolid que de nuevo se deja llevar, que de nuevo vuelve a tropezar en la misma piedra, que de nuevo va camino de perder un tren, el de las oportunidades, que se detiene por capricho del azar delante de su puerta y que a buen seguro tras el ‘piiiiiiiiii’ del factor de la estación emprenderá su salida.

Es triste enterarse de que Nacho Martín, la estrella que podría iluminar el actual proyecto y de la cual se podría sacar mucho, pero que mucho rédito publicitario, haya sido la que se ha ofrecido para jugar mañana. Sin ‘cobrar’, sin un contrato que le ate y con toda lógica sin ningún impedimento (estaría bueno) para marcharse cuando lo desee ante una oferta de un club, que ya los hay (Manresa es uno), que valore realmente lo que vale.

Paco García, como siempre, ha tensado la cuerda. Al verse que el equipo, con retoques, puede hacer grandes cosas y pujar, ¿por qué no? con el preciado premio del regreso a la ACB, ha soñado. Soñado despierto, soñar con la utopía de intentar convencer a Nacho Martín, todo un icono para Valladolid que dejó una huella imborrable con su último servicio en el Blancos de Rueda en la ACB. Pero lamentablemente el club no se entera y sigue dormido víctima de la ausencia de profesionalización en su cúpula directiva, hoy por hoy necesario para poder crecer. Porque nunca antes estuvo tan barato volver a la ACB. Su dejadez está quemando, aunque no se vea (de momento), a la única parcela que sí es profesional, la deportiva, la concerniente al primer equipo. Afortunadamente los resultados deportivos tapan la realidad de un club cogido por hilos, sin infraestructura, que se mueve a golpe de los espasmos de directivos con celos. Era la ocasión de convencer para esta bonita Cruzada a Nacho Martín. Pero no de forma ruin y chabacana, con un plato de lentejas o por nada. Nacho ha dado señales suficientes como para apostar ciegamente por él. Pero a lo mejor, con él, se asciende y visto lo visto, sí es un problema para los que mandan y no mandan.

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