BALONMANO

Guerra civil en el Atlético Valladolid

Nacho González decide no seguir como técnico al sentirse «poco valorado» en las decisiones deportivas / Su continuidad hasta final de temporada está en el aire / Mario Arranz: «Estoy sorprendido, no hemos hablado»

Nacho González y Mario Arranz coincidieron en las oficinas del club y realizaron un cordial saludo.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS (PHOTOGENIC)

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J. I. Fernández

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La hasta ahora balsa de aceite que había sido el Atlético Valladolid en sus cuatro años de vida ha saltado por los aires. Para algunos, la crónica de una muerta anunciada, para otros, una decisión valiente de Nacho González que pocos pensaban que podía producirse. Y es que el técnico vallisoletano, artífice del ascenso a Asobal la pasada campaña, ha decidido abandonar el club «por discrepancias con la dirección deportiva» y de manera «irrevocable», según afirmó en una rueda de prensa a la que decidió comparecer primero ante los medios y sin que el presidente Mario Arranz le acompañara. Además puso su cargo a disposición del club, por lo que su continuidad para disputar la segunda vuelta está en manos de la junta directiva.

Desde el pasado verano González se ha sentido «poco querido y valorado» por la dirección de un club que prefirió depositar más confianza y poder en la dirección deportiva formada por Jaime Maldonado y Rafael Mejías. De esta manera, la llegada de jugadores que no eran del gusto del técnico (el ejemplo más claro es el del pivote Alejandro Garza) y la ‘imposición’ del segundo entrenador Óscar Ollero (curiosamente hermano de un directivo) en detrimento de Jorge González, minaron la moral de un Nacho González que reconoció que esta decisión es «valorada y muy dura», pero no está tomada «en caliente». Incluso insinuó que ya en verano estaba en su cabeza.

El entrenador fue claro: «No estoy de acuerdo con estas decisiones, como tampoco con el camino que está tomando el club y, por eso, he decidido apartarme a un lado». González se quejó de la falta de sintonía con este área del club y de las escasas reuniones mantenidas. Sin embargo, Mario Arranz cree que esto no ha sido así. En su opinión, el técnico «nunca» le comentó nada de lo que estaba pasando, ya de que haberlo sabido «hubiéramos intentado arreglarlo para revertir la situación». El presidente negó «haber vivido en una isla», pero aseguró que no pensaba que «la cosa estuviera tan mal como para tomar esta decisión» que la calificó de «sorprendente». Los que tampoco sabían nada de la noticia eran los jugadores.

El inesperado órdago lanzado por el entrenador canterano supone el momento de mayor tensión que este joven club ha vivido en su corta, pero exitosa, vida. «Es triste que alguien quiera bajarse del barco y más si sucede por mal entendimiento entre las personas que convivimos en ese barco», se lamentó el máximo dirigente.

UN VESTUARIO DIVIDIDO. En la mente de todos está la presencia de dos bandos en la plantilla, unos partidarios del técnico y otros más de la gente de la dirección deportiva. Dos bandos con jugadores veteranos que han provocado que el clima de viajes y de entrenamientos no sea el más adecuado. González dejó claro que no daría nombres propios ni hablaría de las situaciones que le han llevado a tomar esta decisión. Mientras que Arranz negó que hubiese existido una conspiración para echar al entrenador. Es más, reveló que Jaime Maldonado, una de las dos partes de la dirección deportiva, había puesto su cargo en la dirección deportiva a disposición del club para intentar reconducir la decisión del técnico, aunque no se aceptó al ser «irrevocable» la postura de un Nacho González que reconoció que no tiene ninguna oferta de futuro sobre la mesa.

¿NUEVO ENTRENADOR?. ¿Qué pasará ahora en el club con toda la segunda vuelta por jugarse? No se sabe. González ha puesto su cargo a disposición del club renunciando si es preciso a la remuneración económica de su contrato si desean buscar otro técnico para la segunda parte de la temporada. Y ahora mismo, y según las palabras del presidente, parece que está más cerca de abandonar el conjunto vallisoletano que de permanecer. Arranz no se atrevió a aventurar su continuidad. «Nos sentaremos para decidir, valorar y analizar la conveniencia de que termine la temporada como entrenador del club pero será complicado». Ymenos aún cuando González ha pedido que, en caso de seguir, «se respeten sus decisiones deportivas para que la temporada acabe de la mejor manera posible», de no ser así, «me iré sin problemas». El presidente negó que la idea del club fuera la de dar galones a Diego Camino al frente del club, aunque es algo que se baraja.

Con 15 puntos en la clasificación y con toda una segunda vuelta por jugar donde el calendario se pondrá cuesta arriba, hay miedo de que esta zozobra pueda interferir en el buen desarrollo de la plantilla y que la permanencia en Asobal esté en peligro (ahora mismo están ocho puntos por encima).

Es en lo único que ambos protagonistas de la mañana de ayer coincidieron. «El club está por encima de las personas y lo que tenemos que hacer es buscar el bien común». Y es que preocupa el mal rendimiento que está ofreciendo el equipo fuera de casa. El club cree que González podría haber exprimido más a la plantilla y tomar decisiones más drásticas para evitar los grupos diferenciadas del vestuario.

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Arranz sí quiso agradecer a su técnico el trabajo «mucho y bueno» realizado en estos cuatro años en los que decidió ponerse al frente del recién creado Atlético Valladolid después de vivir el descenso y la desaparición del BMValladolid. Por su parte, González cree que es «el mejor momento» para anunciar la decisión de no seguir y «de la mejor manera» ahora que durante casi dos meses no habrá competición. De esta manera se pone punto final a una relación entre club y entrenador que ha hecho reverdecer viejas rencillas en el balonmano vallisoletano entre bandos.