LEB-ORO

La séptima marcha

El Carramimbre saca provecho a su momento dulce de la temporada para doblegar al Cáceres y sumar la séptima victoria en once partidos (85-65) / 53% de acierto en los triples

Sergio de la Fuente y Graham-Bell luchan con el lituano Kakstas por hacerse con el control de un rebote.-J. M. LOSTAU

Publicado por
Guillermo Velasco
Valladolid

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El arte de agradar es el arte de engañar. Y este Carramimbre Ciudad de Valladolid se mueve como pez en el agua cuando se trata de llevar el ‘tempo’ del partido como ocurrió ayer ante un Cáceres al que no le quedó más remedio que bailar al son que dictaron los de Paco García. Un equipo vestido de dulce. Un equipo en el que a cada peón no le importa desempeñar el rol de otro peón. Y aquí esta el arte de engañar. El Carramimbre, como hiciera días atrás en Lleida, volvió a demostrar que sin pívots o mejor dicho, con falsos pívots, también se puede sacar un partido adelante. Siguiendo el libreto de Lérida y sin el concurso durante muchos minutos de las dos torres, Kok y Uta, que perdieron un valioso tiempo en su marcha a las ‘Ventanas FIBA’, el Carramimbre mandó de principio a fin. Primero con un, por fin, renacido Hopfgartner, en el ansiado y perseguido despertar del jugador austriaco. Sus cuatro triples de cinco intentos y siempre rehuyendo por miedo al contagio al juego interior, Hopfgartner, supo sacar tajada como falso cuatro.

El 23-14 del primer cuarto ejercía de perfecto visionario de un partido en el que la línea de tres puntos iba a jugar un papel determinante. Así, Gantt, Reyes e incluso Graham-Bell se unían a la fiesta para acreditar un sobresaliente 53% de efectividad (9-17) que desarmaba y desesperaba por completo a un Cáceres tan solo sujetado por el espectacular movimiento de pies jugando de espaldas a canasta del lituano Rolandas Jakstas.

Un parcial de 2-10 en el inicio del segundo cuarto (25-24) fue atajado de raíz por un tiempo muerto de Paco García para devolver a trompicones la lógica al partido (35-26). El Cáceres agarrado a la calidad de Ward y al baldío intento de una defensa mixta (rombo y uno) sobre Wade-Chatman buscó sin suerte meterse en partido.

Pero cuando el Carramimbre se gusta, como ocurrió ayer, es difícil que le echen mano. Tras un inicio irregular, Alvarado recuperó las riendas del partido y jugando con Wade-Chatman a su lado el equipo ganó peligro en ataque.

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Cáceres, impotente, se fue hundiendo en el tramo final del partido hasta acabar ahogado ante el aluvión de buen juego de un Carramimbre disparado que suma su séptima victoria en once encuentros (85-65).