RAYO-REAL VALLADOLID (ANÁLISIS)
Colapso total
Desastre blanquivioleta en todas las líneas, en especial el mediocentro defensivo y la zaga / Antoñito rompió el fuera de juego en dos goles rayistas / Borja y Luismi, noqueados

Ángel, Salvador y Deivid, tras el penalti cometido por el segundo, germen del 3-0.-LOF
El Real Valladolid demostró que se puede pasar del todo a la nada en un suspiro. Todos los indicadores eran positivos y la autocomplacencia le costó la cabeza. Es la forma más liviana de juzgar a un equipo que en 16 minutos cae 2-0 víctima sobre todo de sus errores.
Desde el inicio se vio un Rayo acechante atrás para salir a toda pastilla con el balón y montar las contras. Los pucelanos respondieron con un equipo muy largo, mediocentros sin brújula, atacantes aislados y laterales cosidos a su zona defensiva, como si los cuatro de la retaguardia estuviesen unidos por una barra de futbolín.
Nadie salía a encimar y el Rayo se aprovechaba, desenvolviéndose entre líneas como si estuviese en el supermercado. Pero no hizo falta que inventase. Los errores en la creación pucelana, al no encontrar huecos para jugar el balón, permitieron los primeros goles.
El inconcebible, cachazudo y suicida reverso de Borja costó el primero, con la anuencia de unos centrales dormidos. ¿Qué hacía el gallego en la izquierda, cuando ahí debe estar el lateral, y él tapando en medio de la zaga, según el libro de Luis César?
Pero peor fue el segundo. Los mediocentros (Luismi en este caso) avalan un pase franco en profundidad, con tiempo y espacio para ajustarlo. La futbolínica defensa en línea, sin escalonamientos, permite la carrera de Trejo. Mención especial merece Antoñito, que se clava y pide fuera de juego, cuando es él quien lo deshace.
El 2-0 mató a un Valladolid que antes la tuvo con Salvador y ya fue incapaz de ver puerta hasta la segunda parte. Luismi, Toni, Mata y el propio Salvador fueron elementos residuales, como lo demuestra que éste se hallase en su área para cometer el penalti del 3-0.
En la segunda mitad mejoró algo el juego, en parte por la saciedad de Rayo. Su cuarto gol es un canto a la incapacidad de unos centrales en paralelo, ante un balón peinado gracias a la inacción de los medios... y a que Antoñito volvió a romper un fuera de juego. Vaya día.