FÚTBOL / COPA REAL SOCIEDAD-REAL VALLADOLID (ANÁLISIS)
De Tomás y poco más
El punta destaca en un Real Valladolid que dio la cara ante un rival que se acomodó

De Tomás intenta regatear a Rulli después de haber desbordado a Zaldua.-ARABA PRESS
El objetivo en San Sebastián era evitar el ridículo y, por un instante fugaz, se soñó con una eliminatoria igualada. El Real Valladolid salió vivo de Anoeta. Ésa es la noticia. Una goleada hubiese añadido otro volquete de dudas al agujero de personalidad en que están inmersos los pucelanos. Un equipo que necesita más diván que entrenamiento, excepto el balón parado.
Diván e ideas claras de su técnico. Porque es difícil forjarse una identidad cuando cada día le cambian el nombre. Cierra 2016 sin saber cuál es el equipo ideal (ni siquiera el del míster) ni con qué dibujo táctico se encuentra más cómodo. La pretemporada está siendo larga.
Ayer el extremeño hizo un corta y pega en media alineación, combinando titulares habituales con suplentes recalcitrantes. Los titulares, en general, se partieron el lomo; los suplentes, en particular, dieron a entender que la cosa no iba mucho con ellos. Cada uno está bien donde está, aunque es complicado discernir entre grano y paja cuando Herrera no hace más que dar vueltas al trillo, pero en vertical.
El Real Valladolid, émulo destacado de Jano, fue de nuevo dos. Continuidad es palabra tabú en su vestuario. Esta vez la cruz fue el primer tiempo, consistente en una sucesión de fallos en la marca y la entrega de un equipo adormilado, ante un rival potente y de colmillo afilado. Si el malo sestea y el bueno bufa, no da ni para un documental. Pero el leopardo (los leones son los de al lado) dejó viva a la gacela. Sólo acertó con una dentellada y después se dio un zarpazo en la cara. El 1-1 del descanso no era justo. Pero era.
La masacre con baño de sangre y vísceras que se presumía tras el descanso no fue tal, porque las gacelas hicieron lo único que podía salvarlas: ir en manada. Eso, y que los leopardos estaban saciados. No vamos a ponernos épicos con un partido de baratillo.
El técnico albivioleta colocó a Torres en la meta. Su juego de pies no es el de Fred Astaire y perdió la oportunidad de reivindicarse ante un Becerra que vuelve a pisar el alambre. En defensa Markel y Ángel deben dar más si quieren optar al puesto. Rafa notó la inactividad. Álex Pérez se perdió demasiado y regaló balones comprometidos.
En la medular Leão no sólo sigue con su disfraz de hombre invisible sino que se regaló dos a Álex López y Marcos. Éste, como Jordán, en la banda. Es decir, fuera de sitio. Lo de Marcos es para tragar lejía. Es mediapunta, apenas juega y, cuando le ponen, en una especie de examen, es en un puesto que no es el suyo y para el que no reúne condiciones. No se conoce de ningún trapecista al que hayan colocado en un circo como tragasables.
Míchel trabajó arriba, pero sin verticalidad. Como siempre. Lo suyo son despliegues muy tácticos y académicos, pero con menos sustancia que el regaliz de palo.
José Tomás fue lo diferente. Miró portería, tiró, tuvo presencia constante en ataque, creó problemas individuales y colectivos a la defensa... ¡y hasta defendió!, que es como decir que Pablo Iglesias rezó el rosario.
Al final se le pudo ver con Mata. Bonita pareja que no se entendió nada mal y que podría hacerlo mejor con minutos juntos. Pero el míster no la ve. Piensa en Jose como mediapunta, con un delantero. Esperemos que no llegue la jornada 41 y Herrera diga: «¡Pero si De Tomás y Mata pueden jugar juntos!». Es tan entrañable que no se le podría tirar al pilón.