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Javier Álamo
Valladolid

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Intensidad. Ahí está la clave. Lo mínimo que se le pide a un futbolista es que se vacíe en los partidos y entrenamientos. Los resultados no son siempre favorables. El rival te puede superar en calidad y hasta el árbitro se equivoca en sus decisiones. Muchos partidos se deciden por detalles. Hay equipos que no necesitan crear muchas ocasiones para marcar gracias a la calidad de sus jugadores. Les basta con cinco o seis llegadas a portería para transformar un par de ellas y cerrar un partido.

Otra cosa es la intensidad. La palabra mágica debe formar parte del ADNde cualquier deportista. Por Zorrilla han desfilado numerosos entrenadores que sacaban el máximo rendimiento de los jugadores. No hacía falta tener grandes figuras en la plantilla. Recuerden los entrenamientos de Mendilibar. Preparaba y dirigía todos ellos como si se tratasen de sesiones previas a una gran final. No le importaba parar de continuo un partidillo si veía fallos en aspectos básicos. Los aficionados con buena memoria recuerdan una de sus grandes broncas a Jonathan Sesma. El técnico estaba molesto con su actitud y le paró los pies en medio minuto. Es cierto que exageró en su modo de actuar y fue duramente criticado en este diario pero el fondo de la cuestión era bueno. Mendilibar era consciente de lo mucho que se jugaba el Valladolid y desde el primer día ya trasladó a la plantilla que el éxito, o el fracaso, era cuestión de todos. Era su primera temporada en Zorrilla y ahí están los resultados y los récords de ese inolvidable ascenso a Primera, celebrado por 25.000 personas en la Plaza Mayor.

El Valladolid ha comenzado el año con un descalabro. Ha perdido ante un equipo que antes de comenzar el partido estaba situado en puesto de descenso. El Girona lo afrontó como si se tratase de un duelo a vida o muerte. En diciembre había encajado dos derrotas consecutivas en Montilivi, donde sólo ha ganado un partido esta temporada. Los jugadores del Valladolid fueron superados en todo. Cómo será para que el entrenador y los jugadores reconozcan en público que faltó intensidad...

Carlos Suárez tuvo que bajar al vestuario a primeros de diciembre para recordar a los jugadores el puesto que el equipo ocupaba en la clasificación. Tras la derrota ante el Alavés dijo que había echado en falta más hombría y se ve que el mensaje le pareció insuficiente y optó por decírselo a la cara a los propios protagonistas.

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La vida sigue igual en Zorrilla. Hemos cambiado de año, aunque no de mentalidad. No hace falta que hable el propietario y presidente ni que lleguen críticas de los periodistas. Los futbolistas no necesitan que nadie les recuerde que el objetivo es el ascenso y que no conseguirlo sería un rotundo fracaso. El partido ante el Elche exige una reacción. Ellos dirán...