A RAS DE HIERBA

Arbitraje demencial

La opinión de A.A.

Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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No me gusta hablar de los árbitros. Ya les tengo fritos desde este rincón con mi consideración de que vivimos en un país victimista. La culpa de todo siempre la tienen los demás, aunque hablemos de un asesino múltiple.

Pero sería imposible analizar el encuentro de ayer sin considerar la labor de Piñeiro Crespo. ¿Perdió dos puntos el Real Valladolid por él? En una gran parte, sí. Pero no toda. ¿Si hubiese medido igual a los dos equipos, habría ganado el pucelano? Posiblemente. ¿Hicieron los de Garitano méritos para ganar? Por juego, no demasiados. Pero mucho menos para perder.

Realizado el planteamiento general, acudamos a los detalles. El Numancia realizó más faltas (22) que el Real Valladolid (20). Pero vio dos amarillas y los visitantes, siete, además de dos rojas. Se podría argumentar que las faltas o las acciones de los blanquivioleta fueron más graves. Pero no es así. La excepción es la incalificable expulsión de Samuel, que se desentiende del balón para dar un puñetazo en el área. Pero ni la segunda falta de Villar ni el resto de entradas de sus compañeros fueron desacompasadas a las de sus rivales.

Con el mismo criterio para ambos, Julio Álvarez, que además de jugar, arbitra, se hubiese ido a la grada mucho antes. Por dar un rodillazo a un rival que recoge el balón de la red o por una entrada por detrás que minutos antes fue amarilla para Leão. Pero hubiese sido la segunda. Y Piñeiro se cortó. Como con la barra libre de Óscar Díaz.

No le ocurrió lo mismo con Villar cuando le expulsó por una falta que, con un uso lógico y ponderado del reglamento, habría podido ser amarilla si fuese la primera. Y como mucho. Pero cuando el jugador ya arrastra otra por una simple protesta, no por insulto, resulta completamente excesiva. Duele este tipo de tarjetas y, muchas veces, la forma en que se muestran. Esos árbitros, ante los grandes de Primera, miran para otro lado y tras el partido a veces hasta les piden la camiseta. Pero uno de los lastres de jugar en Segunda es también el nivel arbitral.

Sin embargo Piñeiro no tuvo la culpa de que el equipo saliese por enésima vez frío al campo. De que a Samuel se le vaya la olla. De que todos estén advertidos de no hacer faltas en la frontal y comentan más que nunca. De que no sepan cerrar un 0-2 tras haber hecho lo difícil ante un rival del montón y más flojito en ataque, pese a su goleada al Tenerife. De que un central sea expulsado y no haya otro en el banquillo porque Juanpe está castigado... por menos de lo que ha hecho Samuel.

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Lo mejor vino de la mano de una monumental eficiencia (dos goles de tres tiros entre los palos) y de la capacidad de sobreponerse a las adversidades, jugando con uno y dos menos. Dos aspectos ya conocidos. Porque mejora en el juego, muy poca. Por no decir nada. Tiba al menos aportó ilusión.