BALONCESTO
El adiós del penúltimo romántico
Después de treinta años llevando la batuta del primer equipo femenino de la Universidad, el ‘eterno’ entrenador José Carlos Rojo cuelga la pizarra con cierta nostalgia
José Carlos Rojo, entrenador del CD Universitario desde la campaña 84-85- a la 2014-2015--Pablo Requejo
Con un año de antelación y de una forma «no como él hubiera soñado», el gran decano e icono del baloncesto femenino en Valladolid, José Carlos Rojo, abandona los banquillos. El estandarte del CDUniversitario femenino cuelga los bártulos, su silbato y su vieja y sabia pizarra. Y lo hace con cierta nostalgia adelantándose un año a su sopesada y hasta entonces siempre aplazada decisión de ‘jubilación’.
En el recuerdo, no en el olvido, queda su debut en los banquillos del CDU allá por la temporada 84-85 cuando un espigado, joven, ávido e inquieto aprendiz de entrenador ingresaba en la UVa como técnico ayudante de Joaquín Brizuela. Era el comienzo de un amor, su amor eterno al baloncesto femenino.
Su inquietud le convirtió en todo un estudioso y reconocido entrenador en el complicado, difícil e incomprendido baloncesto femenino. De su mano el CDU creó escuela para ser el santo y seña de la ciudad durante muchos años, ya fuera en solitario o en compañía de otros clubes locales espejos también del basket femenino como Aguilas, Ponce o San Isidro.
El temple y la particular manera de interpretar el casi siempre poco apoyado baloncesto de chicas le llevó a labrarse una carrera en el CDU llenando un preciado botín de trofeos y méritos a lo largo de los 30 años, sí 30 largos años en primera fila del escaparate.
José Carlos Rojo se despide de la que fue su casa, quizás no por deseo sino por la decisión y las exigencias de un guión que privó a su equipo, Universidad de Valladolid, a tomar parte la próxima temporada de nuevo en la Liga Femenina 2, la categoría de plata del baloncesto femenino español. La competición en la que logró reproducir el milagro de los panes y los peces y la categoría en la que algunas de sus jugadoras lograron el salto de calidad para poder volar hacia el baloncesto semiprofesional.
De puntillas y sin hacer ruido José Carlos Rojo abandona un teatro de los sueños que ha durado nada menos que treinta años. Su emotiva despedida en las redes sociales ha tenido una gran repercusión no solo entre las muchas de las que han sido jugadoras suyas a lo largo de estas tres décadas sino entre compañeros de profesión y rivales que han sabido reconocer los valores de un entrenador de principios de los que ya no abundan.
Este sabio, maestro y educador, profesor del colegio Corazonistas, cuenta con un currículum difícil de igualar: dos ascensos a Liga Femenina 2 (02-03 y 09-10), dos títulos de Primera Nacional, una fase de ascenso a la División de Honor, cuatro medallas en Nacionales universitarios, asistente de la selección española cadete femenina en el 87, director técnico de la FBCyL durante cuatro años y de la Delegación Vallisoletana durante otros doce, mejor entrenador de Castilla y León...
De la savia de José Carlos Rojo bebieron un sinfín de jugadoras de gran peso específico en la UVA como Sopi Rodríguez, Nieves Lobón, Susana Morán, Blanca Martín, Ana Bernabeu, Tere de Ubieta, Mariuca Asensio, María Navarro, María Parro, Esther Carrillo, Cristina Salinas...