Club Baloncesto Valladolid
De la corbata a la soga
El MyWiGo sufre hasta el final ante el combativo Quesos Cerrato de Palencia a pesar de contar con una renta de 22 puntos antes del último cuarto / El bloqueo pasó del parquet al banquillo

Román Montañez entra a canasta con la oposición de un jugador del Quesos Cerrato-JOSE C. CASTILLO
Nadie se hubiera podido imaginar que después de firmar el MyWiGo Valladolid tres cuartos pletóricos arrinconando y minimizando hasta la ridiculez a un rival sobre el tapete superior como era el Quesos Cerrato de Palencia (teniendo en cuenta la racha de uno y otro equipo), iba a acabar pidiendo la hora en un último cuarto interminable. Los 22 puntos con los que se encontró (trabajando a destajo, eso sí) el conjunto de Porfi en el minuto 30 (56-34) hacían presagiar, viendo el desarrollo del derbi, una plácida victoria camino del sonrojo. Nada más lejos de la realidad porque el sonrojo pasó de la cara del Quesos Cerrato a la cara del MyWigo Valladolid. Y todo por un parcial, increíble parcial de 14-33, que hizo saltar la alarma del miedo en el conjunto de un Porfi Fisac también perdido y descolocado en pleno caos. Afortunadamente estaba en el campo Román Montáñez, un seguro de vida en los finales apretados como prueba su acierto desde la línea de tiros libres cuando el partido más caliente estaba.
Incomprensiblemente el MyWiGo Valladolid cambió la corbata utilizada durante 30 bellísimos minutos por una cuerda que apunto estuvo de estrangularle en diez minutos para el olvido y... el análisis.
El Quesos Cerrato tras caer en la trampa de su rival y no sacar provecho a su más que evidente superioridad en la ‘pintura’ supo dar con la llave para abrir el cerrojo defensivo vallisoletano. Tan solo hacía falta hundir balones a su poste Arteaga para hurgar en una herida más que visible. Y así, minuto a minuto, segundo a segundo, fue recortando las diferencias hasta ponerse a solo tres puntos con 1.19 minutos por jugarse. La muñeca del veterano Montañez, el protagonista del juego del escondite, decidió y aplacó lo que hubiera sido muy posiblemente una crisis en un equipo que, por arte de magia se olvidó de defender envenenado con tiros de larga distancia mal, muy mal seleccionados en una lectura fatal. Todo ello sin obviar que jugadores como Pino cayeron en olvidado del banquillo en plena catarsis de juego.
Al final la campana salvaba a un MyWiGo Valladolid que, aliado con la línea de tiros libres (70-67), supo salir airoso rompiendo una racha negativa de tres derrotas consecutivas que le vuelve a meter de lleno con opciones para pujar por la disputa de la Copa Príncipe (la jugarán los dos primeros clasificados) a falta de tres partidos para el final de la primera vuelta.