El Teatro Calderón retrata con ‘Ana y Pablo’ los naufragios propios de la convivencia
El coliseo vallisoletano produce y estrena la obra, protagonizada por Iria Orejudo y Pablo Villegas y dirigida por Carlos Marchena
Villegas, Orejudo y Marchena, esta mañana.
El Teatro Calderón de Valladolid presenta este fin de semana (20.00 horas) en la Sala Delibes Pablo y Ana, una producción propia dirigida por Carlos Marchena a partir del texto de Javier Hernando. Una propuesta que convierte la convivencia de una pareja en el reflejo deformado de una sociedad cuyos principios parecen desvanecerse. La obra, protagonizada por Iria Orejudo y Pablo Villegas, plantea un particular duelo doméstico en el que lo cotidiano, lo absurdo y lo trágico terminan mezclándose.
La acción transcurre en un apartamento dominado por dos elementos que funcionan también como metáforas de los protagonistas. Ana, embarazada y llena de dudas, mantiene como adornos unas plantas secas por falta de riego, mientras Pablo se pasa el día «a remojo, por fuera y por dentro». A su alrededor, el desorden emocional va convirtiéndose progresivamente en desorden físico.
Un único balcón proporciona las vistas al exterior, aunque también evidencia la falta de perspectiva de la pareja. Dentro, Pablo y Ana permanecen encerrados en un proyecto de familia futura que parece estar ya en ruinas. Su deriva, quizá la de toda la especie humana, parece condenarles a desaparecer.
«Sobreviven en unos metros cuadrados de balsa a la deriva, como asidero al que agarrarse para no naufragar con la esperanza de que algo cambie como los que les preceden en el álbum familiar que con esmero colecciona ella). En un par de jornadas repiten gestos, palabras y acciones que no cambian lo fundamental, a pesar de los sucesos inesperados en la rutina diaria. Podrían pasar dos meses repitiéndose lo mismo, a no ser que alguno cambie la trayectoria hacia el sumidero», advierte Marchena, que define la propuesta como un «auto sacramental sin sacramento».
Pablo y Ana se programa dentro del ciclo ‘Alternativas’, un espacio para piezas escénicas o extra-escénicas que reúne ocho espectáculos que se sitúan en diálogo con la programación del Calderón. En él se plantea la alternancia no solo como una cuestión de ubicación o formato, sino como una decisión activa del espectador: elegir desde dónde mirar, escuchar y habitar la experiencia escénica.
Frente a la idea de ‘lo alternativo’ entendida únicamente como «otro lugar», este ciclo propone pensar el espacio como una construcción sensible. Un espacio puede ser también una disposición de la atención, una forma de percepción o una desviación respecto a los recorridos habituales de la programación y de la mirada.
«Alternativas no señala (únicamente) nuevos escenarios, sino nuevas formas de relación entre obra, espectador y entorno. Un programa que desplaza la pregunta por el lugar hacia la pregunta por la experiencia: qué percibimos, cómo lo percibimos y qué espacios se abren cuando cambiamos nuestra forma de habitar el arte». advierten desde el Calderón.