Antonio Guerra retrata en Valladolid con ‘Altlast’ las cicatrices que deja el progreso en la naturaleza
El creador, ganador de la I Beca para la Creación de Arte Visual de Espacio Abierto y Recoletas, abre el curso en la sala vallisoletana
Antonio Guerra en la sala vallisoletana.
Espacio Abierto inaugura una nueva temporada expositiva brindando una nueva oportunidad de contemplar en Valladolid el trabajo del artista zamorano Antonio Guerra (1983). Con este Altlast, además, la sala alcanza un importante hito en su breve historia: fundada hace cinco años por Armando Arenillas, Concha Gay, Julio Martínez, Rafael Pablos y Javier Redondo, la presente muestra es fruto de la I Beca para la Creación de Arte Visual que impulsa la galería con el apoyo de Recoletas Salud.
Once años después de mostrar en la sala del Teatro Calderón Less time than place, Guerra vuelve a dirigir su mirada –es una constante en su trabajo, en series como Elevar la tierra, desaparecer o Comportamiento para un simulacro– al entorno natural, para reflexionar sobre el impacto de la acción del hombre en el paisaje. Lo hace, en esta ocasión, con una estética más sombría, vaporosa, áspera... tan poética como, por qué no, apocalíptica.
Hojas recogidas por el artista junto al lago e intervenidas por él.
Y es que, en Altlast, lleva al espectador hasta las orillas del Lago de Plata, en Bitterfeld-Wolfen (Alemania), un espacio transformado durante años por los vertidos químicos de las industrias cercanas, entre ellas la multinacional Agfa, una de las más conocidas marcas del sector de la fotografía. En Espacio Abierto presenta restos del lugar, recrea la degradación de las aguas y confiere a los restos vegetales un aspecto casi metálico.
Una mujer contempla una de las obras de la exposición.
Becado por el Goethe-Institut, Guerra llegó a Bitterfeld-Wolfen en la primavera de 2025. Fue entonces cuando, con entrevistas de campo y con su cámara, comenzó a documentar la transformación del lugar. «La historia de esta fábrica fotográfica está atravesada por las dos guerras mundiales. Con la creación de la RDA, Agfa pasa a denominarse Orwo. Con la caída del Muro la fábrica cierra; unos años después comienzan todas estas tareas para renaturalizar el lugar, para llevar a cabo una restauración ambiental», explica Guerra. Unas 14.000 personas encontraron trabajo en la citada fábrica. «Ese desarrollo que trajo a la zona tuvo un gran coste medioambiental», reflexiona el artista.
Una de las obras de la exposición.
En Altlast, un trabajo que tiene mucho de experimental, Antonio Guerra lleva las imágenes casi pictóricas –residuos abandonados, aguas oscuras, frágiles árboles desnudos de hojas, troncos apilados por el tiempo...– a un papel artesanal que incorpora elementos naturales de Bitterfeld-Wolfen. «No se trataba tanto de representar el lugar como de que las imágenes formaran parte del mismo», subraya el artista. «Este trabajo es un cuerpo híbrido entre lo fotográfico y lo escultórico. Ese componente matérico es importante para mí: es como trazar unos vínculos entre toda esta transformación de la industria fotoquímica con los mecanismos de la producción de mis propias imágenes. Este trabajo me sirvió para examinar esa relación entre la imagen y los residuos. He experimentado con diferentes materiales fotográficos, combinándolos químicamente, aplicándo los compuestos resultantes una y otra vez» subraya el artista.