La Universidad de Valladolid recibe el legado bibliográfico y artístico de Brasas Egido
El catedrático de Historia del Arte, fallecido a los 75 años, dona a la institución académica los 5.000 volúmenes de su biblioteca, 24 obras de Capuletti, así como su discoteca y filmoteca

José Carlos Brasas Egido, en la biblioteca de su domicilio
El catedrático de Historia del Arte José Carlos Brasas Egido, fallecido el pasado 3 de marzo en Valladolid a los 75 años, ha legado a la Universidad de Valladolid una parte significativa de su patrimonio personal e intelectual.
En sus últimas voluntades, dispuso la donación de veinticuatro obras del pintor José Manuel Capuletti y cinco de la artista Isabel Villar al Museo de la Universidad de Valladolid (MUVa), así como de su amplia biblioteca —con cerca de 5.000 volúmenes, además de su discoteca y filmoteca— a la Facultad de Filosofía y Letras, en recuerdo de la institución en la que se formó y comenzó su carrera académica.
Natural de Valladolid, Brasas Egido inició su trayectoria como docente e investigador en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid durante las décadas de 1970 y 1980, bajo la dirección del profesor Juan José Martín González. En este periodo participó en el Catálogo monumental de la provincia de Valladolid, siendo autor de los volúmenes correspondientes a los antiguos partidos judiciales de Olmedo (1977) y Villalón de Campos (1981) -este último junto al profesor Jesús Urrea-. Su tesis doctoral, La platería vallisoletana y su difusión. La platería palentina, fue defendida en la UVa en 1979.
Posteriormente, desarrolló su carrera en la Universidad de Salamanca, donde alcanzó la cátedra de Historia del Arte. Especialista en arte contemporáneo, dedicó numerosas investigaciones y exposiciones a artistas de Castilla y León, como Anselmo Miguel Nieto, José Manuel Capuletti, Mateo Hernández o Victorio Macho. Su último proyecto, En el centenario de Capuletti (Valladolid, 2025), fue comisariado junto a Miguel Ángel García Pérez.
Apasionado del arte y la lectura, reunió a lo largo de su vida una notable biblioteca personal, a la que se refería con humor como la Brasiana. Su legado permitirá ahora que futuras generaciones de estudiantes e investigadores puedan acceder a esos fondos, como él mismo deseaba, “para que los jóvenes que hoy son puedan disfrutar y aprender como en su día lo hizo el joven que él fue”.