Diario de Valladolid

Alberto Velasco ilumina las cloacas del Siglo de Oro con un estreno en Almagro

Dirige y protagoniza en el 48 Festival de Teatro Clásico ‘La jácara de los cuerpos imposibles’, mientras que la también vallisoletana Paula Rodríguez estrena ‘Ana por Ana’

Alberto Velasco en una imagen promocional

Alberto Velasco en una imagen promocionalAITANA VALENCIA

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J. del Valle
Valladolid

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Este mes de julio, el intérprete, dramaturgo y director de escena vallisoletano Alberto Velasco ha hecho del 48 Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro su segundo hogar. Si durante una decena de días, en la primera quincena del mes, el responsable de espectáculos como Sweet Dreams o Mover montañas ha formado parte del elenco del Fuenteovejuna levantado por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, ayer estrenó La jácara de los cuerpos imposibles, un montaje con dramaturgia de Ruth Rubio, que él mismo dirige, coreografía e interpreta junto a los actores no binarios Joan Galo y Lucía Arestegui.

Hoy vuelve a representarla en el Teatro Municipal de Almagro dentro de la programación oficial del festival.

La propuesta, definida por Velasco como un «cabaret sicalíptico sobre la performatividad de género en los textos del Siglo de Oro», es fruto de una iniciativa puesta en marcha por primera vez este año desde el Festival de Almagro, que ha estrenado Residencia Artística. La del vallisoletano fue seleccionada entre una veintena de proyectos con los que concurrían distintas compañías y artistas. También fueron escogidas las de Elisabet Altube, Emilio Manzano y la vallisoletana Paula Rodríguez, que ayer estrenó como directora y dramaturga Ana por Ana. Barroco a compás flamenco, con producción de Histrión Teatro.

Sobre el origen de esta Jácara –un género satírico que se representaba en el entreacto de las comedias del Siglo de Oro, protagonizado por delincuentes, pícaros y gentes de baja estofa–, Velasco aseguraba lo siguiente al inicio de su residencia: «Descubrí no solo que existía (el género), sino que hablaba del hampa, de la ‘errura del mundo’ y de los personajes que habitan las sombras. Y dije: ‘es que somos nosotras, nosotras habitamos esas sombras, venimos de las cloacas a dar brillo’».

Así, «hilvanando» textos de Tirso de Molina, Ana Caro, Pérez de Montalbán, Lope de Vega, Vélez de Guevara, Monroy y Silva, Guillén de Castro, Ricardo de Turia y Calderón de la Barca, Velasco se dispone a «ensanchar el mundo y dar espacio» en su nueva forma a todas las personas que nunca se vieron «interpeladas por los textos dramáticos del Siglo de Oro español». Con sus historias, defiende el vallisoletano, todos ellos construyeron «un legado inmenso a todas las parias» que hoy se ven reflejadas en sus versos; historias en las que «a pesar de contener una rica y hermosa diversidad de todo tipo siempre se han relatado con el peso de la norma y escondiendo al diferente bajo la alfombra».

Aquellos dramaturgos, sostienen los responsables de la propuesta, jugaron con las identidades masculina y femenina en las tramas de sus obras, en un contexto en que la transformación de lo masculino hacia el ideal cortesano convivía, no sin tensiones, con las polémicas moralistas sobre travestismo y género en las tablas de los corrales.

«En esta Jácara de los cuerpos imposibles sacamos de la oscuridad todas esas historias, les damos brillo y glorificamos. Tomo como propia esta misión de ir hacia nuestro pasado y ensanchar la historia, abrir huecos y conectar los puntos entre épocas como manifiesto vivo para toda la humanidad de buen corazón que entienda que hay personas que vivimos en las grietas intentando entendernos en un mundo que parece no narrarnos, pero en el que sin embargo siempre hemos estado», concluye Alberto Velasco.

Por otra parte, Ana Caro, conviene señalar, articula la propuesta de Paula Rodríguez, protagonizada por la cantante AnaMar y el guitarrista Antonio de Quero. Ana por Ana. Barroco a compás flamenco revive el legado de Caro de Mallén, una de las figuras más relevantes del Siglo de Oro, a través del lenguaje universal del flamenco. En su espectáculo, el cante jondo se encuentra con la poesía áurea, fusionando las raíces multiculturales del flamenco —gitanas, árabes, judías, andaluzas— con la musicalidad y la métrica de la poesía culta del Siglo de Oro. Décimas, romances y sonetos llegan ahora el espectador con la sonoridad de las bulerías, los martinetes, las seguiriyas o los fandangos.

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