Diario de Valladolid

El poeta vallisoletano Roberto R. Antúnez acaricia el vacío en ‘Levitación y trance’

El autor de 'Ovnis en la noche americana' regresa con un poemario con la editorial Páramo inspirado en la obra de Oteiza y con numerosas referencias al arte, desde John Cage a Cuadrado Lomas

Portada del poemario

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J. T. / Valladolid
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‘El invierno es una circunferencia’, dijo Jorge Oteiza... y el eco de su sentencia resuena, de principio a fin, en el nuevo poemario del vallisoletano Roberto R. Antúnez (1976), que acaba de entregar al catálogo de la Editorial Páramo Levitación y trance . 

«Esas cinco palabras fueron muy importantes para mí. Catalizadoras y laberínticas. Las he repensado muchas veces y albergan holograma, nieve y cencellada, trigales que desembocan en mi paisaje visual: la llanura. Nací mirándola y fui creciendo sin comprenderla. Viví alejado entre montañas y llegó un momento en el que casi terminé odiándola. Pero con el tiempo fui desentrañando su lenguaje de gestos austeros, su manera hermosa y fiera de acariciar los pájaros. Ahora vivo hacia la luz que desprende. De tanto en tanto es imprescindible ir a caminarla y vaciarme las pupilas sobre su regazo. Es mi historia de amor y de odio hacia este desierto policromado», explica el autor de Ovnis en la noche americana (La Penúltima Editorial).

Y el artista y poeta de Orio parece guiar los pasos del vate vallisoletano. Y si aquel optó por transitar por un camino inverso en su escultura, por desprenderse del volumen para abrazar los vacíos, por alcanzar la Desocupación de la esfera , así hace también el autor de La habitación trashumante (Éride Ediciones), entregado a la estética contenida del entorno que le vio crecer. ‘En la periferia del laberinto está la forma de contrarrestar la angustia, decía el padre de todos los centauros’, escribe en su nuevo poemario.

Y contempla el autor esa llanura, que no es otra que el espacio y el tiempo que nos ha tocado vivir, y  al tiempo invoca la memoria de otros que también retrataron fragilidades y soledades, desde Walker Evans –’Muere sabiendo algo. No estarás aquí mucho tiempo’, dijo, y sus palabras resuenan en Levitación y trance –, fotógrafo que captó la América rural de la Gran Depresión, hasta nuestro Félix Cuadrado Lomas.

‘Es más sencillo sobrevivir en un mundo figurativo, por eso esta meseta es tan hermética. Estas líneas rectas ansían la circunferencia’, escribe el poeta, que, más adelante, admitirá su necesidad de regresar siempre al ‘espacio sagrado’ del cuadrado blanco de Malevich. La emoción de quien contempla el vacío más absoluto. El vacío es esa llanura infinita despoblada en la que resuena durante cuatro minutos y treinta y tres segundos la callada composición de John Cage.

Y recuerda el poeta a sus ancestros,  a los campesinos que ‘han ido cincelando la llanura’, aquellos que ‘han ido aislando su vacío, apagando su expresividad y haciéndola receptiva’.

De Oteiza, admite el vallisoletano, hay que aprender a ‘no soliviantar el vacío. A cuidar su silencio, a acariciarlo y, sobre todo, a nunca tratar de domesticarlo’.

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