Once miradas, mil relatos

La Fundación reúne la obra de once creadores de diferentes edades, estilos e intereses artísticos para «alertar sobre la importancia de los sentimientos frente a la simple contemplación de la obra»

Algunos de los artistas participantes en la exposición y sus obras.-

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Ana de la Fuente

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Once creadores. Once miradas del arte que ofrecen miles de lecturas abiertas que invitan a imaginar historias personales, inesperadas, sorprendentes. Es la propuesta del colectivo SentArte que recala en la Fundación Segundo y Santiago Montes (calle Núñez de Arce, 9) hasta el próximo 28 de julio.

Bajo el título Miradas diversas, once creadores de distintas edades, estilos, técnicas, inquietudes e intereses artísticos se unen en una suerte de relato colectivo y ecléctico sobre el hecho artístico.

La crisis climática, la ansiedad, la angustia soterrada, la naturaleza, las redes sociales... Son algunos de los temas que se abordan en la muestra. Relatos ‘incompletos’ que buscan reactivar las emociones del espectador para ‘perfeccionar’ las historias que cada artista propone. «No hay arte sin espectador y éste es el objetivo de esta exposición. Los autores pretenden alertar sobre la importancia de los sentimientos frente a la mera contemplación de la obra artística», señala el comisario de la muestra, Juan JoséHermoso.

Miradas diversas invita a reflexionar tendiendo un puente entre las piezas y las emociones. Es el lema de SentArte (Sentimiento y Arte) el colectivo que agrupa a los once creadores: Muskariart; Oz Art; Perry; Fege; Karen; Yusupha Gai; La Familia bien, gracias; José Miguel Travieso; Domiciano Brezmes; Carmen Madreñarroja y Toño Merayo.

«Cuando un artista crea una pieza lo que busca es conectar con quienes la observan», destaca Hermoso. Y para conseguirlo, cualquier soporte es válido. Desde los acrílicos de fuerte carga expresionista del leonés Domiciano Brezmes en los que reproduce rostros dulces, amables y sonrientes sin atisbo de tristeza, hasta Ansiedad, una colección de piezas de la vallisoletana Karen en las que aflora «de forma física, mental y social la angustia que todos hemos sufrido alguna vez, bien de manera puntual o crónica». Para ello juega con piezas de madera que se hunden en el metal, con una verja que se rompe, una mano desdibujada o una fotografía en blanco y negro de una céntrica y transitada calle de Valladolid tintada de manchas rojas. «Es necesario reconocer la angustia y desestigmatizarla», subraya Karen.

Y mientas Carmen Madreñarroja se sirve del mundo vegetal para construir sus obras transformando en eternos materiales efímeros como la lana natural o las flores de cardo azul, Antonio Merayo juega con las texturas y colores en dos relieves de cerámica de formas caprichosas evocando la maestría de la técnica japonesa Rakú ofreciendo sugerentes juegos visuales con texturas, matices y colores que van desde los rojos metalizados hasta craquelados, nacarados o tornasoles tan característicos de la milenaria técnica.

Una paloma se yergue protagonista en la obra de Fege. Al fondo, la ciudad de Nueva York. Un canto al dibujo urbano y al grafiti con el ánimo de descontextualizar el arte de los espacios museísticos.

Junto a esta obra, el joven gambiano Yusupha Gai resume en Dar y recibir los sentimientos que unen a los seres humanos. Lo hace envolviendo su obra en un arte de reminiscencias tribales con toques cubistas en un universo multicolor que explosiona los sentidos.

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Y sorprendente es la pieza de Muskariart. Una composición realizada con más de 6.000 tornillos en la que, con la fuerza de su imaginación, el vallisoletano critica la frialdad y el agobio de las redes sociales.