LAVA
Abreu viaja desde la muerte al amor en ‘La desnudez’
El coreógrafo, Premio Nacional de Danza, reflexiona en esta pieza sobre la belleza de las cosas, el saber quererse, y el paso del tiempo

Daniel Abreu y Dácil González en una escena de ‘La desnudez’ que este sábado llega al LAVA.-E.M.
Si hace apenas un mes, el Laboratorio de las Artes ponía en escena Solitudes, Premio Max 2018 al Mejor Espectáculo Teatral, este fin de semana será el turno para el de Danza. La desnudez, la obra coreográfica del Premio Nacional de Danza, Daniel Abreu, llega el sábado a la sala Concha Velasco (20,30 horas) tras haber conquistado el Premio Max al Mejor Intérprete Masculino, al Mejor Espectáculo de Danza y a la Mejor Coreografía en la última edición de estos codiciados galardones.
Daniel Abreu y la también coreógrafa Dácil González presentan una propuesta vanguardista, innovadora, arriesgada y poética sobre el saber quererse y la belleza de las cosas para abordar «qué sostiene una relación» pero sin juzgar los motivos que la mantienen viva, sugiriendo, a la vez, un viaje desde la muerte al amor.
Un espectáculo de sesenta minutos de duración en el que la expresión corporal se funde con la música y una sugerente puesta en escena.
Un viaje desde la muerte al amor en un trayecto lleno de cambios que irá transcurriendo bajo los acordes y compases de Hugo Portas invitando al espectador a enfrentarse a este montaje desde diferentes puntos de vista.
La desnudez habla del ejercicio de construir el amor y de sostenerlo. «De la belleza en la desnudez de lo que hay y lo que acontece». Dos personas, un hombre y una mujer, que provocan el impulso de estrechar los lazos pero «queriendo mantenerlos flojos para poder desanudarlos rápido», destaca Abreu en la presentación de la pieza. Y es que cuando Daniel Abreu (Santa Cruz de Tenerife, 1976) fue galardonado en el año 2014 con el Premio Nacional de Danza, el jurado valoró entonces su lenguaje personal y la creación de un universo propio «sustentado en un código innovador, original y arriesgado».
Ahora, cuatro años después, el bailarín y coreógrafo continúa por esa senda de investigación y creación con La desnudez, resultado de dos años de trabajo. «Comenzamos sin nombre ni camino. Dos años con la tierra en barbecho para encontrar más belleza en los pasos de baile, los palos, en las bolsas de basura y en los instrumentos rotos. Construíamos y destruíamos. Jugábamos con el tiempo como meta y esto nos llevaba a plantear la obra desde distintas miradas».
Un trabajo que recompone y revisita lo que hay. Una «geografía de instantes y objetos que habla de ese camino que se mueve entre el amor y la muerte lleno de cambios rápidos como cuando muchos ojos miran a la vez la misma cosa».