EDITORIAL FUNDACIÓN SANTA MARÍA LA REAL DEL PATRIMONIO HISTÓRICO
Sexo y pecado, un estudio desde la piedra del medievo
Un volumen analiza cómo se plasmaron las pasiones de la carne en el arte románico y su significado

Detalle de la portada del monasterio de San Pedro de Villanueva, en Cangas de Onís.-P. L. HUERTA / F. SANTA MARÍA LA REAL
La Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico analiza en su publicación más reciente cómo se plasmaron las pasiones, los deseos, los placeres de la carne y la forma en la que eran contemplados –con frecuencia como pecados que debían castigarse– en el arte medieval. Lo hace en las más de 200 páginas que conforman el volumen Arte y sexualidad en los siglos del Románico: imágenes y contextos, que reúne bajo la coordinación de Pedro Luis Huerta siete estudios de Iñaki Bazán, Miguel C. Vivancos, Paloma Moral, Alicia Miguélez, Miren Eukene Martínez, Agustín Gómez y José Luis Hernando.
Historiadores que abordan las siguientes cuestiones: El pecado y el delito de adulterio en la Castilla medieval; Los pecados de la carne y su castigo a través de los libros penitenciales; Celibato, masturbación y sexualidad mística; El lenguaje gestual en el arte románico; Misoginia y perversión; Sobre partos, parteras y mujeres gestantes y Las representaciones obscenas en el arte románico. Capítulos que indagan en la conducta sexual bajo el prisma del ordenamiento jurídico, la moral eclesiástica y los saberes médicos de los galenos medievales, así como en su representación iconográfica.
No hay más que levantar la vista en templos como San Pedro de Cervatos o San Pedro de Villanueva, por ejemplo, para hallar canecillos o capiteles tallados en los que se representan a la mujer enseñando su vulva, a una pareja entregada al coito o besándose. No faltan tampoco las imágenes de hombres con una erección, como en San Martín de Elines, o incluso de clérigos lascivos, como en Santa María de Uncastillo.
Significados
«Dentro de la iconografía románica, uno de los aspectos que más llama la atención es el de las representaciones que llevan inherente una fuerte carga sexual, bien sea de tipo obsceno, con figuras en las que prima la exaltación de lo grotesco y transgresor, o con carácter más contenido, a través de imágenes en las que se ensalza el gesto amoroso», subraya Huerta en el prólogo.
El volumen de la Fundación Santa María pretende «dilucidar el sentido de tan amplio catálogo», pues en algunos casos estos ejemplos eran usados para «guiar a sus fieles por la correcta senda doctrinal», mientras que en otros, simplemente se pretendía trasladar un mensaje positivo. Hernando, por ejemplo, contempla su posible valor como amuletos o conjuros, destinados a neutralizar las fuerzas del mal.
A lo largo de las páginas de Arte y sexualidad en los siglos del Románico el lector descubrirá cómo se construyó la noción del pecado y del delito en el sexo extramarital. También leerá sobre cómo se castigaban el aborto, el uso de bebedizos para «amortiguar el deseo concupiscentes», los besos «no sencillos» y los tocamientos, el bestialismo –que incluía la muerte del animal, siendo su carne arrojada a los perros–, el divorcio, la fornicación, la impureza ritual, el lesbianismo –condenado con menos severidad que la homosexualidad masculina–, el incesto, la masturbación e incluso los pecados de pensamiento.
También se encontrará con los remedios que recetaban los galenos a aquellas mujeres que «padecen tanto prurito en la vulva que sólo desean el coito con los hombres», o a las «enfermas de castidad».